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March 26, 2013
March 26, 2013

Chipre, en serio

Author: Paul Krugman Translator: Nikos Theofrastou
Source: New York Times  Category: On the crisis
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Chipre, en serio

Un corresponsal a quien respeto me ha desafiado (suavemente) a decir claramente lo que creo Chipre debe hacer – dejando de lado todas las preguntas sobre el realismo político. Y tiene razón: mientras creo que está bien pasar la mayor parte de mi tiempo en este blog trabajando dentro de los límites de lo políticamente posible y empujar esos límites en el tiempo, basándome en una combinación de sensatez y grotesco, de vez en cuando debería sólo afirmar rotundamente lo que yo haría si tuviera la oportunidad.

Así que ahí lo tienen: sí, Chipre debería abandonar el euro. Ya.

La razón es sencilla: permanecer en el euro significa una recesión muy grave, que durará muchos años, mientras Chipre trate de construir un nuevo sector de exportación. Abandonar el euro y dejar que la nueva moneda se deprecie bruscamente, aceleraría significativamente la reconstrucción.

Si se fijan en el perfil comercial de Chipre, ya verán cuánto daño el país está a punto de sufrir. Esta es una economía muy abierta con sólo dos principales productos de exportación, los servicios bancarios y el turismo – y uno de ellos acaba de desvanecerse. Esto solo sería suficiente para llevar a una caída severa. Además de eso, la troika está exigiendo una nueva austeridad importante, aunque el país supuestamente tenga un equilibrado presupuesto primario (sin intereses). No me sorprendería ver una caída de 20 por ciento del PIB real.

¿Cuál es el camino a seguir? Chipre necesita un boom turístico y un crecimiento rápido de otras exportaciones – diría agricultura como clave, aunque no sepa mucho al respecto. La manera obvia de conseguirlo es a través de una gran devaluación; sí, al final esto probablemente significa ofertas baratas que atraigan a gran cantidad de turistas británicos.

Llegar al mismo punto mediante la reducción de los salarios nominales necesitaría mucho más tiempo y causaría mucho más daño humano y económico.

¿Pero es posible incluso dejar el euro? La opinión de Eichengreen –que incluso una alusión de salida podría causar la fuga de capital en pánico y corridas bancarias– es ahora discutible: los bancos están cerrados y el capital está controlado. Así que, si yo fuera dictador, mantendría estas restricciones para prepararse para la nueva moneda.

Vale, ¿qué pasa con los billetes bancarios? No soy experto en el asunto pero, según recomendaciones, tal vez sería posible poner deprisa las tarjetas de débito en circulación, por lo que las empresas podrían reanudarse sin tener que esperar a alguien que ponga en marcha las máquinas de impresión. El gobierno, como medida transitoria, podría también emitir certificados provisionales de suscripción que no se parecen a los billetes verdaderos de banco.

Sí, todo esto suena un poco desesperado e improvisado. ¡Pero la desesperación es adecuada! De otra manera, estamos hablando de austeridad de nivel griego o peor, en una economía cuyos fundamentos, gracias a la implosión de offshore operaciones bancarias, están mucho peor que los de Grecia.

Mi estimación es que nada de esto va a suceder, al menos no de inmediato, que la dirección del país tendrá miedo precipitarse a lo desconocido que viniera a través de la salida del euro, a pesar del horror obvio de intentar permanecer en ello. Pero como ya he dicho, creo que la salida del euro es ahora lo que hay que hacer.

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