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October 6, 2013
October 6, 2013

Grecia: El caso de las mujeres seropositivas y la enfermedad de la memoria

Source: EfSyn  Category: Letters from home
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Grecia: El caso de las mujeres seropositivas y la enfermedad de la memoria

Voces rotas, cuerpos expuestos, recuerdos de terror con apoyo estatal, erradicación de la dignidad humana con sello ministerial. Sirenas, anuncios de un moralismo criminal que ostentosamente ignora las pruebas, caras rígidas de tele-jueces, inquisidores por tres duros, portadores de vergüenza. Y tu enfrente, cambiando constantemente la postura de tu cuerpo, sumergiéndote en la indignación, tratando de recoger las palabras que suben, la voz que espesa el cuerpo, un grito que se demoró en salir, un grito de dignidad en las épocas más criminales.

El documental “Ruinas – mujeres seropositivas. La crónica de un avergonzamiento” de Zoi Mavroudi, describe los acontecimientos que tuvieron lugar unos días antes de las elecciones de 2012: la policía detiene a mujeres adictas a la droga con el pretexto de verificar sus datos personales y someterlas a la prueba del VIH. Las que son seropositivas están acusadas de delito criminal con la acusación de graves lesiones físicas premeditadas. Las acusan de prostituirse sin protección y de transmitir a sabiendas el virus.

Posteriormente se publican sus datos y las fotos de las mujeres con el fin de advertir a los clientes. La televisión y los periódicos reproducen las fotos, direcciones, nombres, la histeria se agranda, igual que el miedo, la venganza. Las mujeres entran en prisión preventiva en condiciones inhumanas y sin recibir cuidados.
Un año más tarde, las mujeres están absueltas. Resultó ser que no eran prostitutas, que no habían expuesto deliberadamente a nadie a riesgo. Ni siquiera sabían que eran portadoras del virus.

El documental de Zoi Mavroudis no describe una tragedia humana, describe un crimen inhumano. De cómo las personas débiles pueden ser asesinadas socialmente y cómo se les quita la dignidad para que otros adquieran plusvalía política. Los entonces ministros de Salud, Andreas Loverdos y de Protección Ciudadana Michalis Chryssochoidis (¡bienvenidos al centro político!) no sólo llegaron a generar un pánico moral de corte médico basado en el VIH.

Falsificando en sus declaraciones las pruebas médicas lograron vincular el VIH con las prostitutas (cuando en realidad los primeros grupos de alto riesgo son los hombres homosexuales y los usuarios de drogas intravenosas) y las prostitutas con las inmigrantes (en su gran mayoría, las seropositivas eran de origen griego). De esta forma, no sólo lograron sembrar un miedo desconcertante, sino también le dieron una cara, describiendo como culpables a un grupo de personas, haciéndoles aparecer como la encarnación del mal que amenaza a la sagrada familia griega. Durante el proceso, las infracciones del secreto médico, los exámenes forzosos, las declaraciones ambiguas y las detenciones ilegales demuestran una vez más que la forma más eficaz para mantener esta democracia es aboliéndola poco a poco. Los dos ministros decidieron hacer de oposición al Amanecer Dorado para responder a su fuerte subida electoral, adoptando sus posiciones, compitiendo con sus prácticas de ultraderecha.

Lo que logra hacer el documental Ruins – mostrando por un lado las confesiones personales de las mujeres y su grito colectivo por la dignidad y, por otro lado, las declaraciones de los ministros y los comentarios hechos en las telenoticias – es demostrar que las ruinas reales no eran las mujeres seropositivas. La ruina era una clase política que se vendría abajo a los pocos días, una jerarquía mediática más desacreditada que nunca y aquella parte de la sociedad temerosa y rota que busca a culpables entre los débiles.
El caso de las mujeres seropositivas no es cosa del pasado. No sólo porque aún no se ha hecho justicia para las víctimas de estos abusos, no sólo porque Adonis Georgiadis restableció la orden “para limitar la propagación de enfermedades infecciosas” criminalizando nuevamente las víctimas del VIH, sino también porque este caso incorpora elementos de todo lo que vino desde entonces: la tortura institucionalizada, los campos de concentración, los asesinatos en las calles. Este caso nos muestra todo lo que nos encontraremos a partir de ahora si no hay un cambio radical: que el estado no asiste en caso de la enfermedad sino que la gestione cínicamente como una herramienta política, que el biopoder filtrado a la muerte se transforme en política de la muerte. Ruins nos ofrece el virus más peligroso que puede oponerse a estas situaciones. El virus de no olvidar la vergüenza, el cinismo, la delincuencia. La cada vez más imprescindible enfermedad de la memoria.

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