Saturday 24th August 2019
x-pressed | an open journal
December 8, 2014
December 8, 2014

El fascismo regresa a Europa: Reflexiones en torno a un movimiento internacional antifascista

Translator: Susana García
Source: iskra  Category: Antifascism
This article is also available in: elen
El fascismo regresa a Europa: Reflexiones en torno a un movimiento internacional antifascista

Estando al final de un largo periodo de transición que comenzó hace más de un cuarto de siglo con la caída del muro de Berlín, en estos momentos podemos percibir los rasgos distintivos de ese período histórico y así restaurar la dialéctica de su duración, identificando la relación entre el momento, el período, y la coyuntura. El período que comenzó en 1989-1990 y se presentó como el final de la Historia y el irreversible triunfo del capitalismo neoliberal ha llegado a su fin. Desde 2001, o según otros desde 2008, hemos estado en uno de esos “intersticios” entre lo que ya no existe y lo que todavía no ha acontecido. [1]

A pesar de la grave crisis del capitalismo, la inestabilidad del sistema global y las estructuras de dominación locales o regionales, el movimiento obrero organizado y sus directos o indirectos portavoces políticos están dispersos, sin dirección, incapaces de influenciar de manera decisiva en el equilibrio de poder. Por otro lado, las fuerzas de la contrarrevolución, [2] bajo diferentes nombres y disfraces, están ganando terreno cada vez más rápidamente. Despacio, pero constantemente al principio, presenciamos como los neo-fascistas llegaron a los gobiernos europeos, primero en 1994 en Italia, la cuna del fascismo histórico, y después en Austria en el 2000. A continuación vimos cómo esta evolución se aceleraba, especialmente desde la crisis del 2008 en adelante, con la victoria electoral del Frente Nacional en Francia, el rápido ascenso de las organizaciones neo-fascistas y neonazis en la nueva periferia del continente, como el caso de Hungría, Grecia, y más recientemente en Ucrania con su participación en el gobierno provisional.

Se podría sostener que el argumento que defiende una continua y coherente relación entre el primer gobierno de Berlusconi, democráticamente elegido (con la participación de Fini y Bossi), y los neo-fascistas y neonazis de Svodoba y PravySektor contiene abstracciones y simplificaciones, formando de este modo una mezcla que desatiende o ignora las particularidades de cada caso. Sin embargo, mi hipótesis inicial es que cuando se correlaciona el desarrollo de todos esos—a primera vista—distintos movimientos y fuerzas, obtenemos una visión global de la naturaleza de la política europea. Hasta hace poco la persistencia de muchos intelectuales y militantes entorno al fascismo histórico de entreguerras y en las refinadas clasificaciones de sus diferentes variantes y formas, ha sido útil para recordar y comprender las tragedias y heroísmos del último siglo. Sin embargo, en estos momentos, esta obsesión está sirviendo como espejo distorsionador causando una especie de miopía colectiva—o incluso ceguera—ante el auge paralelo del fascismo en diferentes partes del viejo continente.

Sin duda alguna, el Frente Nacional no nació bajo las mismas circunstancias, así como tampoco se basó en las mismas tradiciones que el grupo neonazi Amanecer Dorado en Grecia, Jobbik en Hungría, Partido del Progreso en Noruega o incluso el Partido de la Libertad austríaco. [3] Pero también es cierto que sea “populista”, “xenófobo”, “nacionalista” o “neofascista”, las variantes de extrema derecha están simultáneamente ganando terreno. La responsabilidad de dar nombre y cortar de raíz este giro reaccionario que amenaza con enterrar por completo y para siempre los logros sociales y democráticos del movimiento obrero, se ha convertido en una tarea mucho más urgente que su clasificación siguiendo la tipología del fascismo histórico.

El racismo avanzando en Europa con paso firme

Empiezo con una instantánea. 1 de Marzo de 2014: una pequeña “Nazi Internacional” se reúne en Roma con la participación de la Fuerza Nueva italiana, Amanecer Dorado, el Partido Nacionalista Británico y los españoles Democracia Nacional. El tema principal del encuentro es la solidaridad con la oposición ucraniana nacionalista y neo-fascista de Svoboda. [4] Al mismo tiempo, un poco más al sur, la fortaleza-bastión europea sigue creciendo. Centros de detención para migrantes, asesinatos en masa de refugiados e inmigrantes a lo largo de las fronteras de la UE, mecanismos de monitorización y ejecución nacionales y supranacionales, ataques a los derechos sociales y políticos fundamentales, están formando una realidad tan ubicua que consigue escapar a nuestra atención.

Las democracias occidentales, después de ser liberadas de la “amenaza roja” con la caída de los regímenes que pertenecían al “socialismo existente”, se las han apañado para deshacerse de muchos avances sociales y políticos que marcaron la victoria de la alianza antifascista en la Segunda Guerra Mundial. De este modo, en la esfera política, versiones diferentes del neofascismo se han integrado gradualmente en el sistema político de casi todos los países de la UE. [5] Aunque hasta hace poco este proceso de integración se acompañó de campañas de decoloración o “domesticación” del llamado “populismo derechista”, bajo el peso de las consecuencias de la crisis capitalista, los líderes europeos no vacilaron a la hora de apoyar abiertamente a los neonazis ucranianos para así justificar la penetración de capital europeo y americano en esa área. Este primer conflicto geo-estratégico en territorios de la antigua Unión Soviética marca el final de la rampante invasión del capitalismo neoliberal hacia el este.

Desde el 2008 la crisis financiera ha intensificado la tendencia del capitalismo norteamericano y europeo de bajar los costes laborales mediante moderación salarial o trabajo no retribuido, para seguir siendo competitivos ante los capitalismos regionales emergentes. El modelo neoliberal que permitió al capitalismo occidental resurgir como vencedor de la crisis de 1970 parece no ser capaz ya de hacer frente a las presiones de la crisis actual. Los restos de los logros democráticos y sociales del movimiento obrero son la última barrera a la frenética búsqueda de la maximización de beneficios.

Después de la primera ola de propagación y normalización de los estereotipos y lógicas xenófobas, el racismo está ganando terreno en Bruselas y Estrasburgo, donde burócratas y expertos de la UE están coordinando técnicas de vigilancia de alta tecnología, nuevos sistemas penitenciarios y políticas anti-inmigración. La islamofobia del gobierno americano, el racismo anti-Roma de Sarkozy o Berlusconi, nutridos por el giro reaccionario, nacionalista y homofóbico de Putin ilustran a la perfección la hegemonía de las ideas reaccionarias. Después de todo, las tácticas políticas de la clase dirigente de derechas, en todas sus variantes, no se pueden ocultar. Según un estudio reciente del think tank de Partido Popular Europeo, la Derecha Republicana tradicional se ve obligada por el auge de “populismo xenófobo i euroescéptico” de adoptar algunas de las demandas básicas de la extrema derecha en asuntos como migración y represión tal y como hizo N.Sarkozy con el Frente Nacional en Francia. Las diferentes versiones de la extrema derecha, sean populistas-democráticas, neofascistas o neonazis, están de este modo actuando como palancas para la implementación de políticas económicas neoliberales y para el reforzamiento de los mecanismos nacionales y supranacionales de monitorización y represión. Esta diversidad señala lo complementario más que lo competitivo de la naturaleza de los componentes de la Derecha Europea. En este sentido, la experiencia de la campaña pre-electoral griega de 2012 es significante: la campaña abiertamente racista orquestada por los grandes medios de comunicación y los dos partidos en el gobierno de coalición (PASOK and ND) que estigmatizó a las mujeres con VIH positivo y a los inmigrantes como “bombas para la salud” allanó el camino para el explosivo auge electoral de los neonazis.

La vuelta de los fantasmas de la época extremista

Desde la experiencia histórica del siglo XX sabemos que la dominación capitalista se consolidó usando primero, una cruda y abierta violencia en los países de la periferia. Después, cuando las contradicciones se exacerbaron, con la ayuda de muchas guerras a pequeña-y gran- escala y de formas más sofisticadas de gobierno, represión y destrucción, la violencia alcanzó niveles de brutalidad sin precedentes dentro de las mismas metrópolis europeas. Hoy en día, los fantasmas de esa época de extremos, de fractura cultural (Zivilisationsbruch) han vuelto [6]. Desde el septiembre 11 en adelante, las operaciones militares en Afganistán, la segunda guerra en Iraq, la crisis alimentaria de 2007-2008, la actual crisis económica, las guerras de Gaza, Siria y Ucrania, describen paso por paso un desarrollo similar.

A la luz de las sucesivas olas migratorias causadas por la intervención militar de la OTAN o de sus miembros, la UE ha creado Frontex. El brazo armado del bastión europeo, Frontex es un mecanismo gigante de burócratas, expertos, y guardias fronterizos con la misión de construir muros, campos de detención, y patrullas marítimas….Al mismo tiempo, los gobiernos y los partidos de derechas de cada país están llevando a cabo campañas coordinadas de normalización de esos nuevos camisas negras con atuendo europeo; una guardia fronteriza que ha cometido ya más de 20.000 asesinatos en menos de una década [7]. Paralelamente a esto, bajo la presión de varios partidos “populistas” extremistas de derechas, los gobiernos europeos están implementando medidas racistas contra el pueblo gitano, los sin techo, los inmigrantes, o protegiendo las acciones de “milicias armadas” como esas que Berlusconi y Bossi trataron de legalizar en Italia en 2009, o como la guardia húngara Jobbik, los batallones de asalto de Amanecer Dorado y su organización hermana chipriota ELAM, o los más letales de todos (véase el incendio del Centro Laborista de Odessa y otros numerosos crímenes), los batallones de Pravy Sektor y otras bandas fascistas de Ucrania.

A los líderes de la UE ya no les tiembla el pulso a la hora de apoyar incluso a fuerzas nazi-fascistas para consolidar su dominio. Como durante la crisis de los años 30, las oligarquías económicas y políticas del viejo continente han abierto la caja de Pandora dejando salir a las tradiciones más reaccionarias, contra-revolucionarias, anti- ilustración, nacionalistas y patriarcales, convencidos de que seguirán teniendo los medios suficientes como para controlarlas y manipularlas. La disolución de los sistemas públicos de salud, los sitios del terror, los campos de concentración, los miles de millones de desempleados, inmigrantes y refugiados, las operaciones de interceptación de “invasiones bárbaras” en el Mediterráneo o en las calles de las ciudades europeas, todo eso nos muestra que la reacción de los gobiernos ante las luchas sociales y políticas se están volviendo cada vez más violentas, mientras que la acción de las bandas fascistas y los mecanismos de represión están aumentando, llegando directamente a la exterminación física. Las 34 víctimas mortales del 2 de mayo en Odessa, el asesinato de Clement Meric en Francia el pasado junio y de Pavlos Fyssas en Grecia en septiembre, nos recuerdan que ahora la vida y nuestra propia existencia están en juego.

Así que si tratamos de comprender el pasado empezando por las cuestiones del presente, y no viceversa, podemos ver que veinte años después del fin de la Guerra Fría, el fascismo vuelve a Europa. Ya no hay necesidad de continuar con objeciones nimias, buscando analogías o diferencias con el pasado y evitando las cuestiones y las tareas urgentes de nuestro tiempo. Debemos parar de mirar si o hasta qué punto los incidentes de los que somos testigos corresponden a nuestra idea de lo que es el fascismo histórico y empezar a promover acciones para organizar un movimiento internacional antifascista capaz de detener este giro violentamente reaccionario antes de que sea demasiado tarde.

Prioridades prácticas para un movimiento antifascista internacional

Con respecto a este objetivo, en vez de una conclusión, recomendaré algunos puntos de referencia en relación con la naturaleza y las prioridades prácticas de un movimiento antifascista internacional. Mi intención es contribuir a una discusión que necesitamos iniciar. Estamos siendo testigos de un proceso que está convirtiendo las democracias liberales parlamentarias en fascismos. Los días del “pensamiento único” del capitalismo están contados, pero el reto al “tratado meta-político” de las democracias europeas está aproximándose por el flanco derecho del espectro político. Si las diferentes versiones del fascismo histórico fueran alimentadas por el declive y la degeneración de los regímenes parlamentarios, los partidos fascistas, allí donde llegaran al poder, usaron el camino legal e institucional de elecciones y participación en gobiernos de coalición. Es más, según el enfoque marxista clásico, el grado en el que los regímenes parlamentarios urbanos se convierten al fascismo es calculado usando principalmente el área adquirida por las esferas de desgobierno, en las cuales una oligarquía impone su dominio a la mayoría trabajadora desafiando las limitaciones típicas de las garantías constitucionales y los derechos individuales o sociales. [8]

Es una tarea política urgente el impedir que la vida política se transforme en fascismo, algo que es intrínseco al proyecto noeoliberal Europeo. Las zonas sin ley y fuera de la ley se están extendiendo desde Melilla, Ceuta, Lampedusa, Pharmakonisis hasta las Zonas Económicas Especiales fuera del alcance de las negociaciones de convenios y legislaciones laborales de los países europeos. Al mismo tiempo, el racismo, la xenofobia, el sexismo, el nacionalismo, el anti-comunismo, están ganando incluso un mayor espacio dentro del corazón del continente, en los países más poderosos y ricos, como ha mostrado la victoria electoral del Frente Nacional en Francia y el Partido del Progreso en Noruega, el fortalecimiento de la extrema derecha alemana o el referéndum en Suiza para filtrar los flujos migratorios.

El fascismo no es una amenaza para el futuro. Está ahora mismo tratando de eliminar lo que queda de los beneficios y los derechos del movimiento obrero. Por lo tanto, el movimiento que quiera denunciar las modernas manifestaciones institucionales y políticas del fascismo y anular la mutación reactiva del proyecto europeo neoliberal, tiene que combatir, al mismo tiempo, tanto las políticas de la UE que generan pobreza, desempleo, y condiciones laborales medievales, como las instituciones que refuerzan la xenofobia, el racismo, y la abolición de los logros democráticos y sociales del siglo XX.

La batalla contra el fascismo pasa obligatoriamente por la reconstrucción del movimiento obrero. Como producto de la crisis o de la decadencia capitalista, el fascismo moderno afecta primeramente y ante todo a los sectores más vulnerables de la clase trabajadora al fortalecerse ante la debilidad de la unión sindical. De la misma manera que en el periodo de entreguerras, cuando los grandes movimientos fascistas se desarrollaron a partir del vacío dejado por la derrota del proletariado italiano tras los Años Rojos (1919-1920) y la revolución Alemana (1918-1923), el fascismo aparece en la presente crisis del capitalismo como el resultado de la derrota de los movimientos obreros tradicionales tras la crisis de 1970 y el ataque frontal del neoliberalismo. La geografía electoral del auge de diversos partidos derechistas deja claro que el fascismo está ganado terreno entre las clases más bajas, exactamente donde, al mismo tiempo, las estructuras organizadas del movimiento obrero se hunden y la conciencia de clase se descompone.

La variable crítica en la batalla contra el fascismo es el actual estado del movimiento obrero. La primera e inmediata tarea de un frente antifascista es la lucha por la reconstrucción del movimiento obrero, la pelea por fortalecer la articulación y la unión sindical activa de vecinos e inmigrantes, de trabajadores y desempleados, de los proletarios tradicionales europeos y los estratos meta-fordistas, en el lugar del trabajo, en la educación, en los barrios. La lucha contra el fascismo es primero y ante todo la lucha por la organización de las clases trabajadoras. El antifascismo del siglo XXI será proletario o no será.

La implementación inmediata de prácticas para la coordinación y la solidaridad internacional y la elaboración de un proyecto político común de los componentes activos dentro de los movimientos obreros europeos son componentes integrales de ese proceso de reconstrucción. Si el fascismo es una contrarrevolución que significa que la revolución ha fracasado o no ha comenzado, y si los fantasmas que considerábamos que estaban enterrados en el pasado están de vuelta amenazando la patria europea, esto es debido principalmente al hecho de que las diferentes formas de la Izquierda están fallando (o peor: están negándose) a la hora de yuxtaponer un proyecto estratégico y una salida política alternativa a esta brutal, totalitaria mutación del capitalismo neoliberal.


[1] Hana Arendt, Between Past and Future, New York, Viking Press, 1961, pp, 19.

[2] ver Arno Mayer, Dynamics of Counterrevolution in Europe, 1870-1956, An Analytic Framework, Harper & Row, New York, 1971, σελ. 59-121.

[3] vea Varieties of Right-Wing Extremism in Europe, Taylor and Francis, Nέα Υόρκη 2013. For the Greek case and its relations between the radical right and the state see also Δ. Χριστόπουλος (επιμ.), Το «βαθύ κράτος» στη σημερινή Ελλάδα και η Ακροδεξιά. Εκκλησία, Δικαιοσύνη, Στρατός, Αστυνομία¸νήσος-Ίδρυμα Ρόζα Λούξεμπουργκ, Αθήνα 2014

[4] publication in Ιl Manifesto, goo.gl/8TwBZE

[5] The Hobsbawm’s critique to François Furet: E. Hobsbawm «Histoire et Illusion», Le Débat, issue 89, 1996/2, pp. 129-138.

[6] D. Diner, Zivilisationsbruch, Denken nach Auschwitz, Fischer Taschenbuch Verlag, 1988.

[7] goo.gl/e1gD9H.

[8] F. Neumann, Behemoth. The Structure and Practice of National-Socialism 1933-1944, I. Dee, Chicago 2009, pp. 17-36 and 467-476.

This article is also available in:

Translate this in your language

Like this Article? Share it!

Leave A Response