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March 4, 2013
March 4, 2013

Portugal: El terremoto social retumba cada vez más fuerte

Author: Daniel Oliveira Translator: Eleni Nicolaou
Source: Expresso  Categories: On the crisis, Protest
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Portugal: El terremoto social retumba cada vez más fuerte

Más de un millón de personas de todas las edades salieron a la calle en Portugal el 2 de marzo, exigiendo el fin de la austeridad. El descontento creciente podría conducir incluso al colapso del sistema político que ha dominado desde la caída de la dictadura.

La gran mayoría de los portugueses ya no están a la espera de los cambios de humor del CDS (Partido Democrático Cristiano, miembro de la coalición) tampoco están esperando a que el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva salga de su letargo profundo, o a la llamada oposición interna del PSD (el centroderechista Partido Social Democrático del primer ministro Pedro Passos Coelho) para creer que ya el tiempo ha llegado. Finalmente, la gente salió a la calle protestando en medio de una inspección por la troika para demonstrar que no son los “estudiantes buenos” que uno de esos burócratas parecía creer que viven aquí.

A pesar de la antipatía evidente que toda la clase política parece merecer estos días, las protestas del 2 de marzo no eran anti-políticas. Fueron, más bien, marcadas por más tristeza y más esperanzas arruinadas que las del septiembre. Pero no son –al menos no todavía– desesperadas. Eran manifestaciones totalmente políticas, enmarcadas por sentimientos democráticos. Y eso, dados la situación social que estamos atravesando y el bloqueo institucional que estamos enfrentando, es extraordinario. Esto se explica, tal vez, sólo por el hecho de que nuestra democracia sea todavía relativamente joven.

Digo “todavía” porque, si la oposición no logra dar una respuesta a esta revolución, ofreciendo una alternativa fiable –y sin limitarse a la preparación para el poder o sin tratar de capitalizar el apoyo para las próximas elecciones– el próximo paso será muy diferente.

Estoy convencido de que, si algo nuevo aparece en el espectro electoral el próximo año y esto resulta capaz de entusiasmar a los portugueses o captar su atención, el resultado será sorprendente. Ese “algo” podría ser positivo – pero es más probable que sea contradictorio, e incluso políticamente peligroso.

Jubilados en manifestaciones

Lo que capta la atención en las manifestaciones del sábado es el cambio en los grupos de edad de la gente. Los espectadores notaron una gran cantidad de jubilados, más que en las protestas del 15 de septiembre. Es en los jubilados que los problemas del país se están enfocando con más fuerza – el problema de haber nacido y crecido en un país que es socialmente, económicamente y culturalmente atrasado. Y el problema de llevar, más que los demás, el peso de este atraso.

Un tal peso es las pensiones miserables que la mayoría de ellos reciben como evidencia abrumadora de la línea política que Passos Coelho está siguiendo, y a la que él quiere que el país se quede –es decir, que tenemos un estado de beneficios sociales demasiado generoso. Es una idea que sólo puede brotar de la mente de alguien que conoce el país sólo a través de la sede de su partido y las oficinas corporativas de sus amigos.

Uno de los temas más discutidos el sábado fue los jóvenes que están emigrando, que están en paro, que están desesperados. Y la falta de perspectivas para los nietos. En una sociedad como la de Portugal, donde la familia es una especie de sistema complementario (o principal) de beneficios sociales, los viejos reúnen los sufrimientos de todas las generaciones bajo su techo. Y son ellos mismos los que se han sacrificado más.

Impulsados a la calle

Algunos de los jubilados que salieron a la calle el sábado participaron en una manifestación por primera vez en sus vidas. En otras palabras, vivieron la dictadura, la revolución de 1974, el PREC (Proceso Revolucionario En Curso – o sea, la transición a la democracia) sin nunca haber usado este derecho. Y sólo ahora, con más de 60 años de edad y después de casi 40 años de democracia, se sintieron impulsados salir a la calle.

Vivimos en una época de revolución pacífica que todavía cabe dentro del sistema político como lo conocemos hoy en día. Pero este sistema ha entrado en la fase de decadencia. Si el sistema político persiste en no responder al estado de ánimo del país, tendrán lugar acontecimientos imprevisibles. Creo (o al menos espero) que tengan lugar dentro del espíritu de la democracia y sin ponerla en peligro. Después de dos años de austeridad y miseria todo puede cambiar. En las manifestaciones sociales, muchas cosas han ya cambiado. No se trata sólo de una forma de materialización corporativista de los sindicatos y las estructuras partidarias y ya ni siquiera es dominado por ellos. Si esto es bueno o malo no lo sé. Así es como es.

Si la oposición no consigue presentar una alternativa fiable y si el partido principal de la derecha portuguesa comienza a derrumbarse, los primeros en aprovecharse de este momento, sean actores serios o populistas, cómicos o políticos, pueden provocar un terremoto político. Porque el terremoto social ya está aquí. Sin, al parecer, estimular la reacción de los partidos y las instituciones.

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