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January 27, 2014
January 27, 2014

Expulsado de Noruega para ahogarse en Grecia

Author: Marios Aravantinos Translator: Eleni Nicolaou
Source: Kouti Pandoras  Category: Borders
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Expulsado de Noruega para ahogarse en Grecia

Eshanolla Safi. Fotografías por Eurokinisi

La historia diferente de un refugiado afgano, uno de los supervivientes de la tragedia de Farmakonisi, la crónica del drama y el misterio de los testimonios. Por Eshanolla Safi (foto).

Domingo, 26 de enero de 2014. Los migrantes que sobrevivieron en Farmakonisi están reunidos en las oficinas de la comunidad afgana, a unos pocos metros del hotel en el que se alojan, en el centro de Atenas. Junto con ellos, decenas de representantes de organizaciones internacionales, que están recogiendo datos en un intento de contribuir al esclarecimiento de la tragedia. Sentados en una mesa ovalada, en silencio, con una taza de café en la mano, asintieron con la cabeza cuando entramos. Sentado en la parte trasera, un noruego de mediana edad está chateando con Eshanolla Safi y está tomando notas en un trozo de papel de lo que él le dice. Safi, 39 años, es uno de los supervivientes de Farmakonisi, pero su historia es diferente. No por ser más dramática, sino porque, por segunda vez, ha sido víctima de Europa y su política.

Safi abandonó Afganistán seis años atrás, como refugiado y fue a Noruega, donde presentó una solicitud de asilo. Como él dice, durante su estancia allí, él recibió permiso de trabajo y sirvió al estado noruego pagando impuestos. Sin embargo, a finales de 2012, después de casi seis años de residencia en el país escandinavo, se le informó que debía regresar a su tierra natal. Safi fue expulsado del paraíso al infierno. El regreso a Afganistán significaba, sin duda, la condena a muerte para él y su familia. Su mujer, una maestra, ya fue corrompida por los talibanes, mientras que él mismo, ya conocido por su intento de escapar de la violencia en Afganistán, para encontrar un mejor futuro en el acogedor occidente, fue también proscrito. Safi, durante el período de aproximadamente un año que permaneció en su tierra natal, planeaba su huida y su regreso a Europa. Esta vez con toda su familia: su esposa y sus cuatro hijos. Pero su viaje estaba destinado a parar en la frontera greco-turca.

“Nos habríamos salvado si no nos hubieran localizado”

El refugiado afgano, su familia, junto con un grupo de compatriotas y una familia siria salieron de la costa de Turquía el pasado lunes por la noche. “Salimos a las 10 u 11 de la noche” recuerda Safi. “Después de dos horas, habíamos casi llegado. Estábamos a unos 100 metros de la costa cuando el motor del barco se detuvo, por haberse calentado. Decidimos saltar al mar y hacer una cadena con nuestras manos para sacar a los niños a tierra. Fue entonces que la guardia costera nos localizó. Dispararon en el aire y nos gritaron que nos sentáramos. Dos de los hombres saltaron a nuestro barco. Alguien lanzó una cuerda por su barco con la que ató nuestra proa para remolcarnos. El barco de la guardia costera fue acelerándose, incluso haciendo maniobras. De repente, el gancho de hierro donde la cuerda estaba atada se rompió, y maderas de la proa del barco se despegaron. El agua comenzó a entrar en el barco. Los guardacostas que estaban todavía en nuestro barco gritaban a sus colegas que se pararan.

Safi no podía entender lo que decían pero estaba seguro que gritaban para que el barco se parara. Se acuerda de los guardias gritando “gilipollas, gilipollas, gilipollas” a sus colegas a bordo. Finalmente, el barco de la guardia costera se detuvo. “Los dos guardias” Safi explica “volvieron a su propio barco, lanzaron una segunda cuerda y le pidieron a Chaimpar, el sirio que conducía el barco y hablaba inglés, atar la cuerda a otro punto y él lo hizo. Pensamos que nos iban a llevar a la costa, pero, al contrario, ellos aceleraron. El agua en nuestro barco llegó hasta la mitad. Estábamos gritando desesperadamente “por favor ayudadnos” y nos respondían “iros a la mierda! “

“Así es como nos ahogaron”

La guardia costera tuvo que detenerse. Su barco se paró, pero ellos, como dice Safi, en vez de recoger a los náufragos, cortaron la cuerda. “Ellos querían irse. Dejarían que nos ahogásemos, si el motor de su barco no tenía problemas”. Como explica el refugiado, debido a las maniobras, algunos objetos se habían caído en el agua y algunos de ellos, al parecer, se enredaron en las hélices del barco, obligándolo a parar. “Humo salía del motor. Tuvimos la oportunidad de agarrarnos por la popa del barco. Tratamos de subir, pero cuatro guardacostas estaban golpeándonos las manos para hacernos caer en el mar. Mientras tanto, nuestro barco se había volcado. Los que estaban dentro de la cabina-es decir, mujeres y niños-estaban atrapados. Les pedimos que nos tiraran chalecos salvavidas para salvar a nuestras familias, pero no lo hicieron. Les dije que mis hijos se estaban ahogando. Uno de ellos me apuntó con un arma. Le mostré mi pecho para que me disparara”. De las personas a bordo solo 16 sobrevivieron, entre ellos solo una mujer y un bebé. Ellos lograron subir, como dice Safi, al barco de la guardia costera.

“Durante nuestro transporte, los guardias amenazaron a Chaimpar, que hablaba inglés, con que si decíamos algo, tendríamos más problemas. Nos llevaron a un lugar que parecía ser un campamento y nos dijeron que un helicóptero estaba buscando a nuestra gente. No vimos ni oímos ningún helicóptero, hasta el amanecer, cuando en realidad lo vimos sobrevolando”.

El misterio de los testimonios

A la mañana siguiente, los supervivientes fueron trasladados a otro lugar (Safi no puede recordar los lugares), al parecer, a la isla de Leros, donde se les dio ropa seca y se les pidió testificar. “Trajeron a un intérprete, que conocía la lengua de sólo tres de los que estaban allí. Les dije que no sabía ni leer ni escribir, sólo podía hablar nuestro idioma. Por lo tanto, no se sabe si lo que los refugiados habían dícho se había registrado correctamente”. Como explica Safi, los guardias podrían escribir lo que quisieran sin que nadie lo entienda.

“Antes de irnos”, concluye Safi, “nos acercaron y nos dijeron: ‘Muy bien. Vais a salir siempre y cuando firméis estos papeles”. Pensamos que serían papeles para los zapatos y la ropa que nos habían dado. No sabemos qué fue lo que realmente firmamos “. El refugiado afgano deja, así, sospechas claras que, probablemente, los testimonios que firmaron sin saberlo fueron falsificados y presentados por la guardia costera, como una excusa para el comportamiento de sus funcionarios hacia ellos.

Los refugiados rescatados recibieron de las autoridades en Leros, un documento que les permite permanecer en Atenas durante 30 días. Durante ese tiempo, pueden, si lo desean, solicitar asilo, que se examinará en el momento oportuno. Las autoridades griegas no les hicieron ningún favor. Esta práctica es aplicada a casi todos los refugiados o inmigrantes económicos que llegan a Grecia y que no quieren quedarse en el país, sino perseguir una vida mejor en Europa. La misma Europa que decidió que Eshanolla Safi y su familia no eran refugiados, probablemente debido a que Afganistán no se considera una zona de guerra.

En vez de epílogo, la pregunta retórica de Echsan, un refugiado afgano, quien ya vive en Grecia desde hace doce años: “¿Qué es una ciudad (si no zona de guerra) cuando un talibán con un cinturón de explosivos puede matarte mientras tú esperas el autobús?” La respuesta debe ser dada por el Estado griego, que tiene que demostrar que respeta los derechos humanos y el derecho internacional. Además, lo que los supervivientes de Farmakonisi están pidiendo en este momento es que se encuentren y se les entreguen los cuerpos de sus hijos y sus mujeres.

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