Monday 28th May 2018
x-pressed | an open journal
February 9, 2015
February 9, 2015

Falsos dilemas: una guía crítica sobre la crisis de deuda pública griega

Author: Christina Laskaridis Translator: Susana García
Source: Open Democracy  Category: On the crisis
This article is also available in: elen
Falsos dilemas: una guía crítica sobre la crisis de deuda pública griega

Flickr/Duncan Hill. Some rights reserved.

Christina Laskaridis es investigadora de Corporate Watch y autora de "Dilemas Falsos: una guía crítica para la crisis de la eurozona".

Durante las pasadas semanas, Alexander Stubb, primer ministro de Finlandia, entre otras personas afines a Merkel, se ha mostrado inflexible ante una posible cancelación de la deuda.  Que se demuestre que esto es verdad o no dependerá de si dichas afirmaciones se ajustan al ámbito de la realpolitik en la gestión de la crisis del euro hasta ahora: “Cuando la cosa se pone seria, tienes que mentir”, tal y como explicó públicamente el actual presidente de la Comisión, y anterior presidente del eurogrupo Jean Claude Juncker  en mayo del 2011. Esto es importante porque afecta en primer lugar a la mentira más común acerca de las razones de la intervención de la Troika. Tras la elección de Syriza, las voces que mantienen que los rescates son una señal de solidaridad de los países del norte de Europa hacia los países del sur han subido su volumen y se podría decir que se han hecho incluso más despiadadas.

Sin embargo, podemos retroceder un paso y ver qué es lo que pasó. No hace mucho, uno de los think tanks más poderosos de EE.UU, el Council on Foreign Relations, declaró que  “las previsiones de crecimiento para Ucrania y Grecia del FMI  [son interpretadas] no como previsiones,  sino más bien como supuestos necesarios para justificar las intervenciones del FMI”. Siguiendo el revuelo que el gobierno emergente griego ha causado desde el primer día en torno a las sanciones de la UE contra Rusia, no es de sorprender que las tensiones en Europa estén escalando. Ahora, ¿por qué el FMI pudo haber considerado necesaria una justificación a la intervención en Grecia?

Cada vez que un funcionario de la Troika dictamina por qué Grecia (o cualquier otro país) necesita adherirse a un rescate ligado a unas durísimas condiciones,  lo primero que viene a la cabeza es la directora ejecutiva del consejo del FMI, Karin Lissakers, llamando a las cosas por su nombre: “el Fondo está actuando como brazo ejecutor de los contratos de préstamo bancarios”. Esto fue en 1983.  Se han puesto en marcha numerosos rescates desde entonces para que los países no incumplieran los pagos a sus prestamistas extranjeros.

Su homólogo europeo piensa exactamente lo mismo: el director del Mecanismo de Estabilidad Europea,  Klaus Regling, no deja dudas acerca de cómo funciona el sistema de rescate: “Lo que estamos haciendo ahora en Europa es exactamente lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha estado haciendo por todo el planeta durante décadas sin perder nunca dinero. Los préstamos del FMI están condicionados a ajustes en la economía del país, como en las nuestras”.

Entre la cacofonía de comentarios acerca de la deuda griega, es importante reflexionar acerca de por qué se originaron los rescates. Por sus frutos os podéis hacer una idea: todo menos aproximadamente un 11% del dinero del rescate ha ido a parar a los bolsillos del los acreedores.

No son sin embargo sólo los temerarios prestamistas originales griegos los que han sido salvados: Grecia ha estado usando el dinero del rescate para pagar a los fondos buitres que habían eludido la cancelación forzosa en 2012. Al repagar los bonos rechazados del PSI en marzo del 2015, parece que se crea precedente.

Stephanie Kretz, estratega de inversiones bancarias privadas en el banco suizo Lombard Oider, repite algo que es a menudo y abiertamente admitido acerca de los motivos originales para los rescates: “Alemania, a través de los préstamos de dinero a los países de la periferia, está tratando de evitar que  sus frágiles y estancados bancos se vean afectados, orquestando de manera eficiente una subrepticia recapitalización de su propio sistema bancario”.

Altos cargos alemanes han sido igual de francos. Peter Böfinger, un asesor económico del gobierno federal alemán, admite que los rescates “no están relacionados en primer lugar y principalmente con los problemas de los países, sino relacionados con nuestros propios bancos, los cuales poseen enormes cantidades de crédito allí”. Aunque no es una sorpresa los motivos por cuales los rescates se originaron, los mitos siguen dominado el debate.

Entre 2008 y 2011, Alemania, Francia, Holanda, Austria y Bélgica dieron luz verde a sumas astronómicas para fortalecer sus sectores financieros, equivalentes al 25%, 18%, 52%, 31% y 97% respectivamente de los PIB de esos países. Dejando aparte la vergüenza obvia que conllevan nombres como HypoReal Estate, Dexia, o Landesbanken,  un imperativo claro de las inyecciones masivas fue el minimizar las pérdidas de las inversiones en las deudas públicas. “Es un secreto a voces”, explica el consejero delegado del Deutsche Bank Josef Ackerman, “que numerosos bancos europeos no sobrevivirían teniendo que revaluar la deuda pública que poseen sus carteras de inversión en los mercados”.

Opuesto a las cantaletas oficiales, los rescates hasta el momento han sido buenos para aquellos que invirtieron en ellos. Se puede tomar por ejemplo los bancos centrales: a pesar de que los bancos centrales decidieron renunciar a sus beneficios en esas inversiones griegas debido a la presión política, hasta esa decisión “el banco central finlandés contribuyó con 227 millones de euros al presupuesto finlandés como resultado de los beneficios obtenidos con las deudas públicas griegas, españolas y portuguesas que posee, 40 millones más de lo que obtuvo en 2011. “Este año [2013] el beneficio debería elevarse a los 360 millones”. Martti Salmi, ministro de finanzas finlandés,  mencionó que “Como una consecuencia accidental de la crisis, Finlandia se ha beneficiado enormemente. No hemos perdido ni un céntimo, lo mismo que Alemania”. Básicamente esto significa que la Troika está haciendo dinero a través de los rescates, que son cualquier cosa menos una “mano amiga” para los países golpeados por la deuda.

La circularidad del mecanismo de la deuda descrita es absurda a la vez que completamente despiadada.  En 2014, el gobierno griego necesitó devolver casi 17 millones de euros por las deudas que tiene legalmente contraídas en la eurozona. Grecia tomó prestado ese dinero de la Troika, bajo la condición de poner en marcha más paquetes de  severa austeridad. Una vez que se completó la reestructuración neoliberal, los beneficios obtenidos por el BCE y el Eurosistema, una cantidad equivalente a los ingresos de la cartera de valores correspondiente a los bancos centrales europeos, fue repatriada a Grecia.

El círculo vicioso de los pagos de deuda es de este modo más pronunciado ahora que la mayoría de la deuda griega está en manos del sector oficial. La reestructuración de la deuda en 2012 cambió el perfil de la titularidad de la deuda pública convirtiendo a la Troika en el mayor acreedor del gobierno.

¿Están sorprendidos del resultado actual todos aquellos que en su día lo proclamaron como algo exitoso? El hecho que la reestructuración de la deuda falló completamente a la hora de aliviar la deuda, no es nuevo: las experiencias pasadas de 73 países que fallaron en pagar y renegociaron con los acreedores privados, muestra que las pérdidas medias de los acreedores podrían haber estado en la esfera del 40% y su resolución podría haber llevado años, aún cuando el alivio de la deuda fue mínimo [1]. Otros casos muestran que los grandes recortes de los bonos pueden incluso corresponderse con un aumento de la carga de la deuda [2].

La transformación de la deuda pública griega en principalmente deuda a acreedores institucionales es un importante punto de apoyo para el nuevo gobierno de Syriza. Con el alarmismo que rodea el enorme pago al BCE en el verano de 2015, traigamos a colación las palabras de un asesor ejecutivo del Deustche Bank: “Grecia no incumplirá los pagos a la Troika porque la Troika está pagándose a sí misma”.

Juzgando por la contratación de Lazard por parte del nuevo ministro de finanzas griego, Yiannis Varoufakis, como asesores en el tema de la deuda pública, los resultados de las negociaciones están por ver.  Lazard es miembro de IIF, un lobby de banca privada que asesoró al gobierno de Papademos en la reestructuración de la deuda en 2012. Eso de hecho, hizo que los contribuyentes griegos pidieran préstamos millonarios para pagar por su asesoramiento (25millones) en sobre cómo se debían recortar sus fondos de pensiones.

Hay un creciente número de voces pidiendo el recorte de la deuda y el final de la austeridad. A la voz de Krugman se han unido casi a diario comentarios de gente afín a Stiglitz,  de otros muchos economistas igual de influyentes, debates en el FT, Bloomberg y Reuters, escribiendo todos sobre variaciones del mismo tema: a favor de que Mekel se recule y a favor de que un nuevo acuerdo se alcance. El quid de la cuestión de lo que se dice ha sido completamente obvio desde el principio: la deuda es insostenible, los rescates beneficiaron a los bancos, la austeridad ha estrangulado la economía y ha hecho añicos a la sociedad.

Todavía se tiene que alcanzar un nuevo compromiso político en Europa. Lo que merece nuestra atención sin embargo, es que mientras el fiasco de la deuda griega continúe dominando la discusión, los temas centrales relacionados con las deudas y los déficits en el euro y en la UE continúan incuestionados.  Syriza, a pesar de arrojar a arena en el engranaje de la Troika  con un plan que revoca las condiciones de la Troika-  como el del incremento del salario mínimo- , se mantiene firme en su compromiso con la estabilidad presupuestaria.

Parece que eso se piensa conseguir dentro de los límites estrictos de la unión fiscal– el acuerdo de austeridad permanente que es la piedra angular de las nuevas reglas de la gestión de la UE. En esto es esencial el memorándum que Merkel estableció para todos. Las condiciones son tan estrictas que la política fiscal expansiva ha sido de hecho proscritaLa OCDE ha calculado que “de permanecer bajo esta regla, de 2014 a 2023, cada año, Grecia tendrá que mantener un superávit presupuestario primario de un 9% del PIB, Italia y Portugal cerca del 6% del PIB, e Irlanda y España alrededor de un 3.5% del PIB”.

En este sentido, y aunque queda mucho por ver en cuanto a la configuración de los equilibrios de poder en las próximas negociaciones, lo que uno espera es que la camisa de fuerza neoliberal que constriñe Europa sea refutada y que esas deudas ilegítimas sean canceladas de una vez por todas y para siempre, y no traspasadas en el futuro.

La guía crítica sobre la crisis publicada recientemente por Corporate Watch: False Dilemmas, cubre el por qué, el qué y el cómo de la crisis, aportando un análisis en profundidad de lo que realmente ha estado pasando.  Da detalles de lo que han hecho las autoridades, detalles de numerosos argumentos para desacreditar las políticas de austeridad, aporta herramientas para la resistencia a la deuda y toma inspiración de los movimientos sociales.  Se puede adquirir aquí.

Referencias

[1] Wright, Mark (2011) “Restructuring Sovereign Debts with Private Sector Creditors: Theory and Practice” in C. Braga and G. Vincelette (eds.) (2011) Sovereign Debt and the Financial Crisis: Will This Time Be Different?, World Bank

[2] Zettelmeyer, Jeromin (2012) “How to do a Sovereign Debt restructuring in the euro zone: Lessons from Emerging Market Crises,” paper prepared for Resolving the European Debt Crisis, a conference Page 33 of 39

This article is also available in:

Translate this in your language

Like this Article? Share it!

Leave A Response