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October 18, 2015
October 18, 2015

Juegos geopolíticos con los refugiados

Author: Apostolis Fotiadis Translator: Susana García
Source: Enthemata  Category: Borders
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Juegos geopolíticos con los refugiados
Apostolis Fotiadis es periodista y mantiene el blog apostolisfotiadis.wordpress.com y la cuenta @Balkanizator de twitter. Ha publicado el libro "Traficantes de Fronteras" («Έμποροι των συνόρων. Η νέα ευρωπαϊκή αρχιτεκτονική επιτήρησης»).

Todo aquel que desee entender las estrategias políticas de la Comisión Europea en relación a la crisis de los refugiados, podría empezar sería tomando como ejemplo la primera frase del anuncio hecho público el 14 de octubre de 2015, anterior a la reunión de los Jefes de Estado: “Durante los primeros nueve meses del año más de 710.000 refugiados, desplazados o emigrantes encontraron una vía para llegar a Europa, una tendencia que se espera que continúe”; así mismo, como nota a pie de página, la Comisión cita: “cifras publicadas por Frontex el 13 de octubre de 2015”. Así es, el día anterior, la agencia publicó en su web un texto bajo el título: “710.000 inmigrantes llegaron a Europa durante los primeros nueve meses de 2015”. Ese mismo día, y revuelo en internet causado por su método de cálculo, Frontex admitía cínicamente estar contando doble a aquellos que entran por la frontera griega y luego cruzan la húngara o croata. Más tarde, añadieron una nota relevante al final del texto. Si esto no es un asunto de la Comisión, uno se pregunta: ¿Sabe la Comisión el número de personas que han entrado en la UE este año? La respuesta correcta es: puede que sí o pude que no. Pero esto no es lo que de verdad importa.

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Refugiados en la estación del tren en Geugeli. 28/7/2015, FOTOGRAFIA por DIMITAR DILKOFF/AFP

Lo que la Comisión sí sabe es que tiene muy poco tiempo para restaurar las ruinas del mecanismo de control de los flujos de población que lleva colapsado desde marzo de este año. No es una coincidencia que en muchos puntos de su discurso el super-comisario Junker se refiriera a la fecha tope de seis meses para que los planes de la Comisión se lleven a cabo. La predicción es que para la próxima primavera, a medida que la crisis en Siria se vuelva más y más compleja, habrá incluso un mayor número de refugiados, y la Comisión quiere estar preparada para manejar la situación. Si, por un momento, nos pusiéramos en la piel de Junker y Merkel, sentiríamos, sin duda, la presión del paso del tiempo. Por lo tanto podemos interpretar la intensidad con la que la Comisión, apoyada por  Alemania, Inglaterra,  Francia, y por países de menor peso, que a menudo adoptan el rol de “países satélite”, aborda al problema de los refugiados. En esencia, desde el pasado agosto hasta principios de octubre, la Comisión ha puesto sobre la mesa todos los temas relacionados con la crisis de los refugiados en un esfuerzo por establecer un mecanismo de control sólido. Pero, a diferencia de otros expertos que predicen que estamos en un momento en el que Europa se tendría que mover desde un modelo fallido de “externalización de los flujos migratorios” (las políticas que persiguen mantener, o expulsar fuera de las fronteras exteriores de la UE esos flujos), hacia otro modelo en el que la carga fuera compartida a través de la solidaridad europea, no es claro que la Comisión pretenda abandonar el primer modelo. Puede que se trate de la propuesta de un mecanismo de reasentamiento como muestra de una solidaridad europea, pero que al mismo tiempo perpetúe el modelo “externalizado”.

El cinismo en la forma de pensar de los comisarios y los líderes de los países del norte de Europa se puede encontrar en los detalles técnicos y en la exigencia puesta para integrar incluso organizaciones internacionales con experiencia y un papel de legitimación de estas políticas.

Algunos ejemplos:

Para que una nacionalidad sea integrada en los procesos de reasentamiento, el estatus de refugiado debe haberse reconocido por sus miembros en un porcentaje- en una media europea- del 75%. Sin duda, debe haber un cierto límite para que el proceso de reasentamiento sea operativo, sin embargo, se tiene que tener en cuenta que ese umbral (75%) excluye a los afganos, a los que, aunque no de manera reconocida, se considera como los refugiados menos deseados al ser los más difíciles de integrar.

Especialmente para Grecia, la Comisión anunció que los procesos de devolución acogiéndose al Tratado de Dublín serían restablecidos (las devoluciones, contrariamente a lo que muchos políticos griegos dicen, llevan paralizadas desde 2011[1]). De hecho, la Comisión busca haber completado la evaluación para finales de noviembre, para que el mecanismo pueda ser activado a finales de año. Aunque Frans Timmermans, el vicepresidente de la Comisión, admitió la contradicción del modelo en sí mismo, en el que un mecanismo distribuirá el reasentamiento y el otro se encargará de la devolución de refugiados (Dublín), es claro, en el razonamiento de la Comisión que el primero no operará sin el segundo. La idea, sin embargo, que apoya la reanudación de las devoluciones a través del Tratado de Dublín, como se describió en el anuncio de la Comisión- el cual, en realidad, lo da por hecho- es mera ficción. Tal y como confirmó el Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) a principios de año, las condiciones en Grecia no son las adecuadas para asumir el sistema de retorno.

Y aquí nos adentramos en aguas más profundas. La Comisión no solo lo persigue, siendo un componente necesario del nuevo sistema de control que se está desarrollando, sino que también busca la legitimación pertinente para este tipo de acrobacias institucionales. Por supuesto, la semana pasada, el Alto comisionado de la ONU para los refugiados, Antonio Guterres, reafirmó en Atenas que la agencia no había cambiado su posición en esta materia; sin embargo, el mandato de Guterres acaba a finales de 2015, y no está nada claro que el resto de los altos cargos de ACNUR vayan a responder en los mismos términos.

Habiéndose dado cuenta de la importancia de ACNUR, la Comisión ha estado “cortejándola” durante meses, desde que se abrió la ruta de los países balcánicos occidentales y las olas de refugiados comenzaron a llegar a Viena y Múnich. La Comisión ha dotado desde entonces a ACNUR con 10 millones de euros, convirtiéndola en socia en las intervenciones en el norte de África, el occidente balcánico y Grecia, muchas de las cuales, tras una retórica edulcorada, están destinadas básicamente a la intercepción de los flujos-  tanto migratorios como de refugiados- con destino Europa. A su vez durante el verano, la Comisión exigió un papel mayor en el proceso de toma de decisiones de ACNUR (donde sólo tiene un papel de observador), bajo la premisa de ser su segundo mayor patrocinador, teniendo en cuenta que aporta el 30% de su presupuesto (por supuesto, dentro de esta cantidad cuenta no solo el dinero de la Comisión sino también el dinero depositado bilateralmente en la agencia por los miembros estado). La demanda fue rechazada un día antes de que el Alto Comisionado volara a Atenas, pero el problema no está resuelto…La Comisión volverá a intentar controlar ACNUR a través de las ayudas, como es el caso del sucesor de Guterres, la propuesta por Dinamarca anterior primera ministra de dicho país, Helle Thorning-Schmidt, quien en la anterior campaña electoral adoptó una posición claramente anti-inmigración y anti-refugiados.

Las prioridades de la Comisión no son, por lo tanto, ni los refugiados ni la solución de la crisis, sino el potencial que supone el control geopolítico. En este contexto, podemos incluir la importancia que la Comisión otorga a las acciones conjuntas griego-turcas en el tema de la gestión de refugiados en el Egeo. A pesar del hecho de que la Comisión busca el menor número de llegadas a las islas griegas, no propone ninguna intervención en las costas turcas sino que opta por políticas que pongan orden en la zona intermedia de la frontera.

A la luz de los resultados del Consejo de Asuntos Generales, nos encontramos con un apartado fotográfico en el que se anticipa la obligatoriedad de la aceptación de la ayuda para emergencias RABIT, de Frontex, por parte de los países que fracasen durante el proceso de evaluación  del mecanismo  de Schengen. La puesta en marcha de una operación de estas características en el Egeo ha sido constantemente solicitada a Grecia tanto por la Comisión,  como por varios miembros estado. En otras palabras, si se imponen acciones bilaterales y si Grecia fracasa en la evaluación del mecanismo durante los próximos meses (lo que es muy probable), la Comisión, a través de Frontex, puede obtener la supervisión total del área e imponer sus propias políticas.

Hay, sin embargo, un detalle que la estrategia geopolítica de la Comisión no tiene en cuenta: sus interlocutores y los estados- instrumentos con los que cuenta para la planificación están  inmersos en una profunda crisis. Y el clima político es tan denso que, dentro de seis meses, el nuevo mecanismo de planificación preparado por la Comisión puede que siga en el aire.

[1] En 2011 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Grecia por el tratamiento inhumano y degradante de los refugiados afganos (CaseMSS). Por consiguiente, varios miembros estado han suspendido el traslado de ciudadanos de terceros países a Grecia bajo las provisiones de las Regulaciones de Dublín.

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