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July 7, 2014
July 7, 2014

La Olimpiada Popular de Barcelona (1936)

Categories: Antifascism, Antifascism
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La Olimpiada Popular de Barcelona (1936)

En estos días de Mundial, las estrellas millonarias (masculinas) del Fútbol se enfrentan en el campo de juego y todos los demás quedamos atrapados en un carrusel de banderas y de apelación a nuestros sentimientos nacionalistas; el canto del himno antes de empezar el partido acaba de identificarnos con los nuestros, que se aprestan a combatir contra el resto del mundo. El país designado a acoger estas manifestaciones normalmente sufre unas transformaciones urbanísticas importantes, con el relativo gasto público, que benefician sólo a unas élites y desplazan a la población más pobre a un lugar donde no llegue en el enfoque de las cámaras. Lo que pasó aquí en 1992 pasa en cada ocasión y en este Mundial, por ser legendaria la situación de las favelas en Brasil, sabemos algo de las manifestaciones realizadas en contra, pero the show must go on…

Estamos tan acostumbrados a ver los grandes acontecimientos deportivos de esa manera que no se nos ocurriría otra. Sin embargo justamente en Barcelona se gestó un evento que se proponía como antítesis a este espectáculo mediático: la Olimpiada Popular de 1936.

Para entender de qué estamos hablando, tenemos que remontar al momento en que se presentaron las candidaturas para los Juegos de 1936: el Comité Olímpico tenía que reunirse justamente en Barcelona en abril de 1931 para elegir qué ciudad se adjudicaría los Juegos entre Barcelona, Roma, Berlín, Budapest y otras propuestas. La capital catalana tenía la ventaja de acabar de estrenar estadio y otras instalaciones en la montaña de Montjuïc debido a la reciente Exposición Universal de 1929. Sin embargo, la proclamación de la República en España, aunque se tratara de un cambio de régimen absolutamente pacífico, asustó a muchos participantes del Comité Olímpico que prefirieron no acudir al encuentro (algo nos dice de quién formaba el Comité), evento que seguramente influyó también en descartar la candidatura de Barcelona pensando (esta vez sí con razón) de qué serían capaces en 1936 si en 1931 ya se había proclamado la República…

La elección cayó sobre Berlín, que en 1931 era todavía capital de la República de Weimar, sin poder saber que en 1933 habría llegado Hitler al poder. El tener que organizar los Juegos Olímpicos al principio no hizo gracia ni al Führer, pero pronto se dio cuenta de la ocasión que tenía para ensalzar el nazismo y demostrar su potencia a nivel mundial. De hecho la Olimpiada de Berlín fue la primera que se emitió por televisión y que contó con imponentes coreografías para dar una idea de grandeza que Hitler quiso inmortalizar en la película Olympia, un documental de propaganda de 4 horas en el que además se utilizan progresos tecnológicos como la cámara en movimiento cerca de los atletas. Esta película también contribuye al enfoque del deporte como un acontecimiento de masas y al aumento de la competitividad entre naciones que se enfrentan como en un conflicto sin armas, para demostrar su superioridad. También se insiste en la implicación del público para que viva la victoria o derrota del equipo de su país como algo personal, reforzando el sentimiento nacionalista. Es el principio del deporte como entretenimiento para las masas, de su politización como lo conocemos hoy en día.

Pero en esos años Treinta en Cataluña el aire que se respiraba era bien diferente al del Tercer Reich y el deporte también iba evolucionando de otra manera. Los grupos deportivos iban creándose en el seno de las organizaciones obreras o de ateneos y centros culturales dirigidos a la emancipación de la clase trabajadora. Después de ser considerado un pasatiempo para ricos, el deporte pasa a formar parte de la reivindicación de una educación integral por quienes no habían tenido derecho a una cultura. Así, entidades como el Ateneu Enciclopèdic Popular (1902), además de las actividades culturales tenían sección de deportes y El Club Femení i d’Esports (1928) tenía biblioteca y recogía instancias feministas (aunque dentro de ciertos límites). El tejido asociativo propicia que el deporte se desarrolle como afán por el despliegue completo de las facultades mentales y físicas. Este substrato participativo convirtió Barcelona en el sitio adecuado para la organización de un acontecimiento en contra de la Olimpiada de Berlín.

Con la proclamación de las Leyes de Nüremberg (1935), que discriminaban claramente a los judíos, se empezaron a levantar voces de boicot a los Juegos oficiales, donde muchos atletas se encontrarían excluidos por cuestiones raciales. En Francia se fundó una Federation Sportive de Gauche, en Holanda se creó un colectivo de artistas De Olimpiade onder Dictatuur y en Estados Unidos un Comittee on Fair Play in Sports que pedía un retorno a los valores iniciales de las Olimpiadas. De hecho, este acontecimiento deportivo, iniciado en los tiempos modernos por el Barón de Coubertin en 1896, se proponía ser un encuentro entre pueblos bajo el signo de la hermandad “Con estos certámenes, limitados a deportistas aficionados, pretendía impulsar las relaciones pacíficas y constructivas entre las naciones, fomentando un espíritu de superación personal, juego limpio y sana competencia (el «espíritu olímpico»).”

La confluencia entre este movimiento de boicot internacional y el activismo del deporte popular catalán lleva a la organización de una Olimpiada Popular de claro signo antifascista por parte del Comité Català pro Esport Popular formado por entidades como el Ateneu Enciclopèdic y el Club femení i d’Esports; la falta de fondos no asusta a los organizadores que hacen llamamientos a la solidaridad para acoger a los atletas que se sufragarían el viaje. La respuesta internacional es un éxito total, con 6.000 atletas inscritos de 23 diferentes delegaciones. Otra gran novedad es la posibilidad de participar con delegaciones no sólo nacionales, sino también regionales y locales, cosa que permite que se apunten equipos de Cataluña, Euskadi y Galicia además de España, pero sobretodo delegaciones sin una nacionalidad reconocida, como Argelia, que aún no era independiente, Palestina, Alsacia y un equipo de Judíos emigrados. Entre las delegaciones de otros estados destacan Francia con 1.500 atletas, Estados Unidos, Suiza, Inglaterra etc. Parece que respondieron al llamado también atletas italianos y alemanes exiliados a causa de los regímenes fascistas instaurados en sus países.

La financiación oficial llega sólo a causa de la presión en contra de la participación a los Juegos de Berlín. Tanto el gobierno de España como el de Francia subvencionan la Olimpiada Popular, por no poder negarse a colaborar con un acontecimiento deportivo popular que ya había alcanzado dimensiones internacionales, pero también financian la participación en los Juegos nazi. La Generalidad de Cataluña hace su aportación en el último momento después de reflexionar sobre la posibilidad de la mala imagen que daría el fracaso de un evento de tal magnitud…

Las disciplinas deportivas eran 16, y además de las más conocidas como atletismo, fútbol, y boxeo, destacan ajedrez, ping pong y la pelota vasca, junto con exhibiciones de aviación sin motor y de gimnasia (parece que fue costumbre también en los Juegos oficiales). Las competiciones también tenían lugar en tres niveles con una categoría de aficionados, para insistir en el lema olímpico “lo importante es participar”.

También estaban previstas manifestaciones folclóricas: la fuerte respuesta catalana a este llamamiento llevó a definir la Olimpiada como Semana Popular de Deportes y de Folklore, para subrayar la dimensión cultural del encuentro entre pueblos. Las demás delegaciones también acogieron la propuesta positivamente y estaban previstas, entre otras, actuaciones de baile escocés, de teatro popular suizo, un grupo folclórico de Marruecos y exhibiciones tiroleses desde Austria.

Otra vertiente que se intentó fomentar desde la organización es la participación femenina en estos Juegos, a la cual se oponía el fundador del ideal olímpico Pierre de Coubertin…

Este interés resulta patente en uno de los carteles y se refleja desde el principio con la participación del Club Femení i d’Esports en la organización. Parece que varias federaciones femeninas respondieron al llamamiento, aunque es difícil hacer una valoración porque en muchos casos se habla de atletas sin especificar el sexo. Comoejemplo, sabemos que las atletas francesas eran 100 de 1.500 y que sin embargo cinco de las seis deportistas que venían de Canadá eran mujeres; queda constancia de la presencia femenina también en los equipos de Argelia, Palestina y de Judíos emigrados. Y seguramente en otros porque por ejemplo de Suiza conocemos la historia de una nadadora aunque no esté especificada una participación femenina.

Tenemos el testimonio de uno de los atletas de la Federació catalana de atletisme, Eduard Vivancos, que ese 18 de julio estaba en el estadio de Montjuïc entrenando cuando empezaron a llegar los atletas extranjeros; de esta manera retrata el entusiasmo que se vivía:

“A la tarda del dissabte del dia 18 de juliol, l’estadi de Montjuïc bullia d’activitat. Molts atletes estrangers s’hi trobaven per entrenar-se i per confraternitzar amb altres participants dels Jocs. També s’hi trobaven molts joves barcelonins membres de la secció esportiva de l’Ateneu Enciclopèdic Popular, de l’Escola del Treball de Barcelona i d’altres clubs locals. Aquests jovenets havien de practicar exercicis gimnàstics per ser presentats l’endemà. Els contactes entre ambdós grups van ser força interessants i instructius malgrat els evidents problemes lingüístics. (…)Maneres afables i caluroses estretes de mà reemplaçaven les paraules. L’ambient era molt fraternal. Per la primera vegada de la meva vida vaig tenir l’oportunitat de relacionar-me directament amb persones d’altres països. Aquella experiència va reforçar la meva convicció de que era desitjable fomentar el sentiment d’amistat entre persones de diversos orígens ètnics i nacionals.”

La rápida respuesta del pueblo catalán al alzamiento militar sorprende a muchos atletas. El testimonio de un atleta belga relata:

Las calles están vacías bajo un sol abrasador (…) en la Plaza del Comercio chocamos con las primeras barricadas (…) cientos de metros más lejos vemos a unos sindicalistas armados (…) las barricadas aparecen cada 100 metros. Todas las calles laterales están bloqueadas (…) nos deslizamos a lo largo de las fachadas de las casas. Las balas silban a través de la plaza. Instintivamente doblamos la espalda y nos refugiamos en un portal (…) Vemos claramente cómo desde el campanario de una iglesia los francotiradores disparan por la espalda a los trabajadores que se encuentran tras las barricadas.”

Tenemos el testimonio de otros deportistas que se sorprenden del coraje de la gente que los escoltó hasta el puerto para que pudiesen marchar. La mayoría de los extranjeros efectivamente volvieron a su país de origen. Sin embargo varios de ellos (es imposible tener un número exacto pero se habla de alrededor de 200) se quedaron y se juntaron con las milicias antifascistas. “Habíamos venido a desafiar el fascismo en un estadio y tuvimos la oportunidad de combatirlo”. Se trata de los primeros extranjeros que voluntariamente se unirían a la lucha contra el fascismo internacional, como Clara Thalmann, nadadora anarquista suiza, que se incorporó a la Columna Durruti y marchó al frente de Aragón o el fotoperiodista alemán que se quedó documentando toda la guerra y nos ofreció una de las fotografías emblemáticas de la guerra civil española: la 17añera Marina Ginestà con mono obrero y fusil al hombro en la terraza del hotel Colón.

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