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January 18, 2016
January 18, 2016

Mantenerse limpio, atenerse a la legalidad y las responsabilidades del ciudadano “productivo”

Author: Lena Theodoropoulou Translator: Susana García
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Mantenerse limpio, atenerse a la legalidad y las responsabilidades del ciudadano “productivo”

En teoría

El plan contra las drogas de la coalición gubernamental [1] para los años 2010-2015 es claro. Es un documento que sin rodeos describe las intenciones y los planes, así como los cambios reales que tuvieron lugar en el sistema de rehabilitación en el Reino Unido durante los últimos cinco años.

El documento comienza con una declaración de la Ministra del Interior en la que se comprometía a perseguir a todos aquellos implicados en el tráfico de drogas, tras lo cual, hizo un intento de crear un vínculo arbitrario entre el uso de drogas, el crimen organizado y la seguridad fronteriza del Reino Unido. La distinción inexistente en el mundo real, según la descripción del la ministra, entre usuarios y traficantes no es nueva. Pero, sin embargo,  el hecho de que sea mencionada en la introducción del documento deja claro que para sus instigadores el abordar la conexión entre crimen y actividades relacionadas con drogas (su uso o tráfico) es una prioridad para “la seguridad de la comunidad” y su estrategia se verá basada en esta convicción.

En el cuerpo central del documento se menciona que entre los principales objetivos de recuperación de personas drogodependientes está el cese de toda actividad criminal y del perjuicio causado a sí mismos  y a sus comunidades, así como su satisfactoria contribución al conjunto de la sociedad.  Es más, se establece que “la clave para proporcionar un efectivo plan de rehabilitación programado es que se encargue a los servicios unos códigos de buenas prácticas con unos resultados en mente” que incluyen: una reducción en el crimen y la reincidencia, empleo de larga duración, habilidades para acceder a un alojamiento adecuado, una mejora en la relación con los familiares, compañeros y amigos y finalmente la capacidad de ser buenos padres.  Al mismo tiempo, el gobierno hace llamadas a los servicios para que estos provean tratamientos individualizados y personalizados, al igual que planes hechos a la medida de las necesidades de los usuarios. Esto es toda una paradoja, pues basándose en las pautas citadas arriba, es evidente que el centro de la atención no es la persona que está realmente buscando ayuda, sino la seguridad y el bienestar de las personas e instituciones alrededor de ella. Está claro que los a servicios no se los va a juzgar (y financiar) bajo la premisa de su valor terapéutico, sino basándose en su habilidad para producir “buenos ciudadanos”,  lo cual significa ciudadanos que tengan trabajo, casa, que sean o estén en camino de formar una familia nuclear, de ser buenos padres, de no cometer delitos etc. Es seguro afirmar por consiguiente que el tratamiento individualizado se refiere únicamente a la identificación y corrección de las “desviaciones” en las vidas del los usurarios del servicio más que en un esfuerzo en acompañarlos en el descubrimiento de sus propias aspiraciones, planes y modelos de existencia elegidos por ellos mismos.

En la Práctica

Como auxiliar en un centro residencial de desintoxicación y centro de rehabilitación, me invitaron a asistir junto con los residentes  a un grupo llamado GOALS, impartido por un facilitador externo. Las iniciales (en inglés) significan “Gaining Opprtunities and Livind Skills” (Adquiriendo oportunidades y habilidades para vivir”) y está designado para enseñar a los participantes las “Diez Claves del Éxito”. El facilitador lo introduce como un curso para convertirse en una persona de éxito, y se imparte en diferentes escenarios incluyendo empresas que están interesadas en reforzar la motivación de sus empleados.

El grupo GOALS se centra en animar a los participantes a que asuman las responsabilidades de sus propias acciones, que reconozcan el hecho de que siempre hay una alternativa y a que aprendan a dejar el pasado atrás. El folleto del curso incluye varias citas totalmente descontextualizadas y pegadizas de filósofos, pensadores y gente famosa. El pensamiento positivo y el manejo de la ira se convierten en áreas prioritarias y  los facilitadores comienzan usando ejemplos tanto de responsabilidad personal  como de disponibilidad de alternativas.  Entre ellos, se usa el ejemplo de la edad en la que se adquiere responsabilidad criminal en el Reino Unido (a los 10 años) y se afirma que para esa edad las personas ya son capaces de distinguir el bien del mal (y por lo tanto aceptar responsabilidades y pagar por las consecuencias de sus actos). El siguiente ejemplo es acerca de un hombre que afirma que no tuvo otra alternativa que robar para poder alimentar a sus hijos. Una vez más, diferentes alternativas se presentan al grupo, incluyendo los bancos de alimento, o incluso la búsqueda de comida en la basura, todo menos delinquir. Y finalmente, cuando toca hablar de la ira se aconseja a los participantes que dejen el pasado atrás por su propio bien y a que aprendan a olvidar y perdonar.

Poco a poco y con un ejemplo tras otro, se crea un sistema de valores basado en la responsabilidad personal y en la identificación de legalidad con justicia. Es interesante que, aunque los ejemplos usados durante el curso no mencionasen directamente la dependencia a las drogas o al alcohol,  la connotación es clara: obediencia y legalidad equivalen  a una vida limpia y feliz, mientras que la desobediencia y la resistencia equivalen a la exclusión social y a la recaída. Y es la imposición de esa ecuación lo que hace que este modelo de rehabilitación no sea solamente no válido sino también poco ético y peligroso.  Si hay un sentimiento compartido y universal entre las personas que han sufrido adicción a las drogas es el de la culpa y la vergüenza.

Añadido a todo eso, la ruta hacia el tratamiento no es un camino fácil. Normalmente implica mucho dolor, decepciones y desilusiones, así como un sentimiento de derrota.  Todas estas condiciones ponen a la persona que pide ayuda en una situación vulnerable pero a la vez respetable. La manipulación no es definitivamente la manera de mostrar respeto. La estrategia del gobierno en el tema de la drogas fuerza un tratamiento que pisotea de lleno la ira y la culpa de la gente (en muchos casos el resultado de un sufrimiento personal y social) con el objetivo de crear ciudadanos obedientes, funcionales y productivos. Aunque los principios básicos son bastante similares en muchos de los planes de tratamiento, el razonamiento detrás de ellos es completamente diferente. Violencia y delito por ejemplo constituyen un “límite” en la mayoría de los modelos de tratamiento en todo el mundo. No porque “no estén bien” sino porque reflejan una forma de vida que en muchos casos se adoptó durante el tiempo de la adicción y arrastra connotaciones negativas para las personas en proceso de rehabilitación.  Adicionalmente, establecer conexiones entre infracciones, criminalidad y eventualmente dependencia a las drogas con la resistencia contra la injusticia social y cualquier comportamiento que vaya en contra de las normas, es de nuevo, un esfuerzo para manipular a personas durante un periodo muy delicado de sus vidas y nos lleva de vuelta al punto inicial de este texto. El plan del gobierno sobre drogas no es para nada un plan para apoyar a las personas que piden ayuda, sino para crear “comunidades seguras” y forzar la estabilidad social. Finalmente, jugando la carta de la responsabilidad personal es un intento de quitar peso a la responsabilidad estatal ante los casos de injusticia social y exclusión. La subordinación a una sustancia es el resultado del miedo primario de una persona a enfrentarse al mundo con una mente despejada. Y ese miedo no se escoge, es el resultado de la marginalización desde edad temprana de aquellos que fallan a la hora de encajar en las narrativas sociales y a la hora de encajar en las instituciones. El fallo no es personal sino sistemático y tiene sus raíces en la imposición vertical de normas sociales. El enfoque del gobierno ante la adicción crea un círculo vicioso que reproduce normas, restricciones y opresiones, incluso en el íntimo, y en teoría libre de todo miedo, espacio de rehabilitación.

Todo esto no quiere decir que la responsabilidad personal no existe y no juega un papel en la rehabilitación. Existe junto con la responsabilidad colectiva y social y no solo implica a los ex drogodependientes, sino a todo aquel que los rodea, incluyendo los asistentes terapéuticos, los investigadores, los servicios, los legisladores etc. La recuperación de una adicción consiste no (solo) en ser capaz de mantenerse sano, conseguir un trabajo y tener niños. Es también un acto de resistencia, una huida de una rutina sin sentido y un deseo de libertad. Por lo tanto, la adicción solo puede ser tratada en un ambiente que ofrezca a las personas la libertad de tomar sus propias decisiones, libres de expectaciones sociales, libres del sentimiento de culpa por fallar a la hora de reproducir estereotipos.

[1] Este texto está basado en anterior plan contra las drogas del gobierno, cuyos resultados están ahora asimilados en las prácticas de los servicios para drogodependientes. Aunque el nuevo gabinete conservador no ha publicado todavía su plan contra las drogas para los próximos cinco años, parece no arriesgado afirmar que lo que se puede esperar de ellos es que sigan la misma agenda, teniendo en cuenta que son los instigadores del plan actual.

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