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May 20, 2014
May 20, 2014

Notas desde los Márgenes – “Nadie nos está escuchando”: La rebelión de los inmigrantes en el Reino Unido

Author: Matt Carr Translator: Susana García
Source: Ceasefire  Category: Borders
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Notas desde los Márgenes – “Nadie nos está escuchando”: La rebelión de los inmigrantes en el Reino Unido

Vista aérea de la protesta de 2006 en el CIE de Harmondsworth. (AFP/Getty Images).

Este mes,  el “estamento de los centros de internamiento para extranjeros” británico ha sido sacudido por una de las protestas más largas hasta la fecha, y tal y como argumenta Matt Carr en su última columna,  es otra consecuencia más del clima de odio, miedo y racismo tan profundamente incrustado dentro del sórdido “debate” actual sobre inmigración.

El viernes 2 de mayo, 150 detenidos del Harmondsworth Removal Centre comenzaron una huelga de hambre. La firma de seguridad privada GEO que gestiona Harmondsworth respondió rápidamente con represión, disolviendo reuniones y recluyendo a los cabecillas en celdas de aislamiento, intentando sofocarlos lo más rápidamente posible.

En una semana, la huelga se había extendido por las cuatro alas, más de la mitad del centro, mientras que los detenidos presentaban a las autoridades una lista de 8 puntos sobre temas que querían que fueran resueltos. Estos incluían la anulación del sistema administrativo para refugiados conocido como “Fast Track” (vía rápida) que mantiene a los inmigrantes en régimen de detención mientras sus casos son procesados; la falta de asistencia legal durante la preparación de los casos; una mejora de las condiciones sanitarias y de la calidad de la comida.

Las protestas también se extendieron a otros centros de detención y expulsión en Colnbrook, Brook House and Campsfield, donde 50 personas secundaron la huelga de hambre hasta que esta se desconvocó el viernes 16. Las causas de estas protestas no son difíciles de entender. El informe del cuerpo de inspectores de prisiones (H.M. Inspectorate of Prisons) en el centro de expulsión Yarl´s Wood del último año halló que:

“Las circunstancias de aquellos retenidos en Yarl´s Wood lo convierten en un lugar triste. En el mejor de los casos representa el fracaso de esperanzas y ambiciones, en el peor, es un lugar donde algunos detenidos miran al futuro con auténtico miedo y preocupación. Ninguno de los retenidos en Yarl´s Wood estaba allí porque se les hubiera acusado de algún delito o se les hubiera detenido bajo circunstancias judiciales normales. Muchos puede que hayan experimentado abusos antes de ser detenidos, como por ejemplo por parte de traficantes o de relaciones abusivas”.

Se pueden hacer observaciones similares acerca de muchos de los centros británicos de internamiento de inmigrantes. Según el Home Office (el equivalente al Ministerio del Interior del Reino Unido) “la detención se usa como último recurso. El bienestar de los detenidos es extremadamente importante y estamos comprometidos a tratar a todos aquellos que estén bajo nuestro cuidado con dignidad y respeto”. Virtualmente, cada informe y cada testimonio de primera mano sobre lo que está pasando en los centros de detención británicos señalan como mentira esas afirmaciones. Lo que ellos describen es un patrón institucionalizado de crueldad e indiferencia, de intenso daño psicológico y a veces físico infringido a mujeres, hombres – y niños – a los que el Estado ha declarado “ilegales” o carentes del derecho a permanecer en el Reino Unido.

Más que el último recurso, la detención se ha convertido en la piedra angular de la respuesta del estado británico a la “inmigración ilegal”, tal y como ha pasado a lo largo y ancho del mundo occidental. Actualmente, es probable que como media, unos 3.000 inmigrantes sean detenidos en el Reino Unido en cualquier día dado. El año pasado, 30.000 personas pasaron por los centros británicos de expulsión para inmigrantes- 10 veces más que a principios de los años 90, según Global Detention Poject. Presentada por el Home Office como una medida para evitar que los inmigrantes y las personas solicitando asilo político “se dieran a la fuga” y/o facilitar su expulsión, los centros de detención para inmigrantes se han convertido en otro componente de un principio de “disuasión” no reconocido como tal, cuyo objetivo es hacer que las condiciones de los inmigrantes sean lo más duras posibles en el Reino Unido con el fin de disuadir a otros de venir.

Los sucesivos gobiernos han cumplido esta política, sin reconocerlo explícitamente, y han presentado los centros de internamiento como otro indicador de su determinación de “proteger nuestras fronteras”, mientras, simultáneamente, los han convertido en una fuente de beneficios para las firmas de seguridad privadas que gestionan las instalaciones de detención, un desarrollo que ha propiciado el que sea más fácil ignorar y ocultar lo que pasa dentro de ellos.

La semana pasada la laborista Yvette Cooper condenó las revelaciones de un informe filtrado que sugería que la firma privada de seguridad Serco falló en la investigación de lo que ella llamó “estremecedoras alegaciones de un vil comportamiento” en relación a los abusos sexuales que sufrió una mujer detenida a manos de un guarda en Yarl´s Wood. Pero fue un gobierno laborista el que creó Yarl´s Wood en 2001, y fue un gobierno laborista quien externalizó los servicios, primero dándoselos a G4S y después a Serco en 2007, a pasar de las continuas alegaciones de pobreza en las condiciones sanitarias, de abusos sexuales a los detenidos, y brutalidad física incluso contra niños.

Que el partido Laborista deba buscar ahora la superioridad moral no es aceptable. Y a pasar de las condiciones específicas en centros individuales, el detener a hombres, mujeres y niños durante meses y en algunos casos durante años, debido a su estatus migratorio o porque se les ha rechazado su asilo político es una abominación moral en sí misma. En febrero de 2010, las cifras del Home Office revelaban que 225 solicitantes de asilo habían pasado más de un año detenidos y otros 45 habían sido retenidos durante más de 2 años.

Merece la pena que tengamos presente que el “crimen” esencial cometido por esos detenidos es simplemente el llegar aquí “sin permiso” – y también que la ley penal británica tiene estrictos parámetros sobre sentencias y límites de tiempo para el encarcelamiento y que son proporcionados a crímenes específicos. Sin embargo, el Reino Unido no tiene fijado un tiempo límite para la detención de la inmigración, lo que significa que los inmigrantes detenidos pueden ser retenidos a discreción del Estado el tiempo que el Estado fije, sin necesidad alguna de más justificaciones.

Este tipo de procedimientos, históricamente, son cosas propias de tiranías. Pero estas son las profundidades en las cuales el Reino Unido –y gran parte del mundo occidental – se ha hundido en su despiadada “guerra” contra los “inmigrantes ilegales”. Incluso en sus propios términos, los centros de internamiento han sido un desastre. No hay evidencias de que hayan parado la llegada de personas o su fuga. La detención es cara, especialmente si se la compara con permitir a los inmigrantes, cuyo estatus de inmigración o solicitud de asilo está bajo escrutinio, permanecer dentro de la comunidad. En 2006, un estudio de ACNUR sobre centros de internamiento para extranjeros en varios países, halló que el 90 % de los emigrantes liberados bajo fianza habían cumplido los términos de su puesta en libertad y concluyó que la detención era “un instrumento extremadamente contundente para contrarrestar la inmigración ilegal”.

La dependencia de este “contundente instrumento” de los sucesivos gobiernos del Reino Unido es una consecuencia más del clima de odio, miedo, racismo y abuso oficial hacia los “inmigrantes ilegales”, el cual ha pasado a estar profundamente incrustado dentro del sórdido “debate” sobre inmigración. No son sólo los políticos británicos los responsables de ello. Demasiada gente se mantiene o bien indiferente ante las detenciones o disfruta de una indirecta satisfacción ante la idea de que los indeseados violadores de “nuestras” fronteras hayan sido adecuadamente castigados-sin tener en cuenta que esos intrusos han llegado a menudo aquí precisamente por la reputación que el Reino Unido tiene como defensor de los derechos humanos y de la libertad individual.

En efecto, los políticos, los medios de comunicación y el público han sido todos cómplices en las nauseabundas políticas que han creado Harmondsworth, Yarl’s Wood and Campsfield, y que han permitido que Serco, Geo, G4S y similares llenen sus arcas a expensas de las personas del Reino Unido que son “desechables” y sujetas a deportación. Este mes cientos de hombres y mujeres desafían su invisibilidad y su deshumanización, ante la indiferencia general de los medios británicos. Y su lucha debería movernos a la acción no sólo para ayudarles, sino para cerrar esos lugares infernales de una vez por todas y perforar las venenosas políticas que han hecho posible los centros de internamiento.

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