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March 20, 2013
March 20, 2013

Por qué deberíamos ser cautelosos al celebrar el no voto de Chipre

Author: Nikos Chrysoloras Translator: Sara R. Romo
Source: The Guardian  Category: On the crisis
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Por qué deberíamos ser cautelosos al celebrar el no voto de Chipre

Ver el drama que se ha desarrollado en Chipre durante los últimos días ha sido cuanto menos surrealista. La extrema izquierda y la derecha euroescéptica por igual se han regocijado en el “valiente no” del parlamento chipriota a un acuerdo que habría garantizado la financiación de la economía con problemas de liquidez de la zona euro y el FMI.

El detalle que al parecer se les escapa es que los chipriotas no rechazaron las duras medidas de austeridad. Estas medidas ya habían sido acordadas por el anterior (supuestamente comunista) gobierno de la isla, y fueron aprobadas por la actual administración. Ni siquiera se rebelaron contra un impuesto injusto sobre los depósitos minoristas. La zona euro ya había manifestado su acuerdo para salvar los pequeños ahorradores, a condición de que los bienes pertenecientes a los oligarcas y magnates extranjeros fueran sometidos a un recorte significativo (15,6%).

De hecho, fue el gobierno chipriota quien rechazó esta opción, en una dramática reunión de diez horas llevada a cabo por los ministros de Finanzas de la zona euro el viernes pasado, ya que dañaría el rápido crecimiento del sector financiero del país. Así que la principal demanda de esta “revuelta parlamentaria” era que Chipre siguiera siendo un refugio fiscal para los extranjeros. A cambio, el gobierno chipriota parecía más que dispuesto a ofrecer las suficientes concesiones a Moscú como para convertir efectivamente la isla en un territorio de ultramar de Rusia. Por qué alguien celebraría este desarrollo de los acontecimientos, no es una cuestión clara.

En Bruselas, mientras tanto, las personas que manejan la segunda mayor economía del mundo mostraron una vez más una ridícula falta de liderazgo. En primer lugar, concluyeron y defendieron un acuerdo que violaría la santidad de los depósitos minoristas. Cuando las catastróficas consecuencias de esto les fueron señaladas, comenzaron a apuntarse con el dedo los unos a otros. Cuando decidieron dar marcha atrás, ya era demasiado tarde.

Es verdad que el acuerdo hasta ahora ha causado caos sólo en Chipre – un país pequeño que, según Berlín, no es “sistemáticamente importante”. Pero los mercados y las personas ya saben que la próxima vez que haya una crisis en Italia, España o donde sea, la Eurozona estará dispuesta a pasar el Rubicón. Esto es un desastre de proporciones inimaginables.

Todo esto no debería ser una sorpresa para quienes siguen la burbuja de Bruselas. Basta recordar que la única razón por la que Jeroen Dijsselbloem fue elegido para dirigir el todopoderoso Eurogrupo (el consejo de ministros de Finanzas de la Eurozona), no fue su pericia, ni su experiencia ministerial, sino simplemente el hecho de que era holandés. Otras opciones (más fiables) fueron excluidas debido a su nacionalidad.

Entonces, ¿cómo se podría haber resuelto la crisis de Chipre? Primero, dejándoles un poco más de tiempo: no había ninguna razón, de ningún tipo, para pedir a una pequeña nación que entregaran casi el 30% de su PIB en efectivo por adelantado en el espacio de tres días. A ninguno de los países previamente rescatados se les había hecho una petición tan indignante que hizo el hazmerreír del gobierno pro-europeo de la isla. En segundo lugar, no era la deuda nacional chipriota la que era insostenible, sino la de sus bancos. Y había una solución a eso: después de quitar a los accionistas y tenedores de bonos junior, y después de imponer un corte a los tenedores de bonos de alto nivel, el mecanismo de estabilidad europeo podría haberse hecho cargo de los bancos chipriotas. Podría haberlos reducido entonces poco a poco y ponerlos en un curso de resolución, mientras se le daba a Chipre el tiempo de volver a calibrar su economía basada en las finanzas. Esta opción teóricamente existe –fue decidida por la UE en una cumbre en junio pasado– pero las modalidades jurídicas no existen todavía para su implementación, ya que Alemania ha cambiado de ideas desde entonces. Chipre podría, a cambio de este arreglo, asegurar los ingresos futuros de sus reservas de gas y ofrecerlos como garantía, junto con un estricto programa de consolidación fiscal.

Hace dos años, el Banco Central Europeo podría haber decidido garantizar todos los bonos soberanos de la zona euro, al igual que lo hizo con su programa (de las llamadas “transacciones monetarias directas”) en septiembre del año pasado, sujeto a la implementación de una política de estabilización por los países beneficiarios. En cambio, la deuda privada de Grecia fue transferida a los contribuyentes europeos, causando la animosidad entre los pueblos de Europa. El país incumplió, lo que aumentó la incertidumbre en todo el continente.

Una cosa está clara: la Eurozona, un aspirante a jugador global, está ofreciendo un puesto de avanzada en el Mediterráneo de importancia estratégica como regalo a los rusos. Sólo depende de Moscú el aceptarlo o no. Y el chipriota no va a ridiculizar las élites pro-europeas en Grecia ni en otros lugares, ya que haría que se viera como si hubiera sido una solución ideal ignorada por los “títeres de Merkel”. Para cuando la gente se dé cuenta de que esta alternativa está lejos de ser ideal, puede que sea ya demasiado tarde.

La pregunta sigue siendo por qué todo esto está sucediendo. ¿Por qué los países del norte de Europa actúan como si estuvieran intentando destruir la Eurozona, en vez de arreglarla? No creo que haya una conspiración siniestra en el corazón de todo esto, pero sí que parece estar jugando aquí un racismo inconsciente y definitivamente impensado, lo que es igual de destructivo. El discurso político actual implica que toda la riqueza acumulada en el norte de Europa es la justa recompensa de una ética protestante del trabajo, mientras que la riqueza acumulada en el sur es un producto de la corrupción (Grecia, Italia), la evasión de impuestos (Chipre), o los modelos no sostenibles de negocio (España). Es por ello que a los países del sur de Europa se les pide que no cambien sus modelos económicos a través de un proceso de convergencia gradual, sino que usan el método del choque violento.

La inconveniente verdad, por supuesto, es que no hace tanto que Finlandia estaba casi en la bancarrota, y todavía hay personas lo suficientemente mayores como para recordar la reestructuración de la deuda de Alemania. “Nuestros mejores y más rubios amigos” (como Blackadder dijo) en el norte deberían darse cuenta de que no todos los depositantes en sus propios bancos rescatados habían pagado sus impuestos. Más importante, no hay un sólo estudio académico que niegue que Europa del Norte ha ganado como mínimo tanto con el euro como el sur. Si los políticos no empiezan a comunicar esto pronto, entonces no sólo la Eurozona colapsará, sino que también volverán a salir los fantasmas del pasado.

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