Thursday 19th September 2019
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February 7, 2014
February 7, 2014

Rusia: La larga y negra sombra de Putin

Author: Àngel Ferrero
Source: SinPermiso  Category: Protest
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Rusia: La larga y negra sombra de Putin

La amnistía y el ucase nº922 descolocan a los medios y a la oposición

El pasado 19 de diciembre la Duma aprobó una amnistía general para 12.000 presos a propuesta del presidente ruso y con motivo del vigésimo aniversario de la adopción de la Constitución de la Federación Rusa. De la amnistía se beneficiaron tanto Nadezhda Tolokónnikova y María Aliójina, las dos integrantes del grupo punk Pussy Riot que aún se encontraban en prisión, como los treinta activistas del Artic Sunrisede Greenpeace, arrestados en septiembre cuando intentaban ocupar una plataforma petrolífera enprotesta por las futuras prospecciones en la región. Al dia siguiente Vladímir Putin firmaba el ucase 922 que ponía en libertad al oligarca Mijaíl Jodorkovsky, una medida anunciada el día anterior en rueda de prensa. Jodorkovsky fue puesto inmediatamente en libertad tras haber cumplido diez años de condena en diferentes prisiones, y el mismo día aterrizaba en Berlín, donde fue recibido por el exministro alemán de Asuntos Exteriores, Hans-Dietrich Genscher. El viaje fue posible gracias a Ulrich Bettermann –el propietario de OBO Betterman, una empresa con unos beneficios de 500 millones de euros en el 2013–, quien puso a disposición de la operación su avión privado (¿quién ha dicho que ya no existe la solidaridad de clase?). Jodorkovsky se alojó en el lujoso Hotel Adlon, y el domingo ofreció una rueda de prensa en el Museo del Muro de Berlín, donde declaró que no tenía intenciones de recuperar sus activos de la desaparecida Yukos ni participar en política.

Dos días después anunció su intención de exiliarse en Suiza. Según recoge el diario The Guardian, Angela Merkel participó personalmente en los esfuerzos por liberar a Jodorkovsky, y ello desde hacía años. Tras el apoyo del exministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, a los manifestantes proeuropeos en Kiev, y del anuncio del Presidente alemán, Joachim Gauck, de que no asistirá a los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi, Alemania parece encaminada a convertirse en uno de los principales centros de la política antirrusa de la Unión Europea.

Jodorkovsky: un ‘robber baron’ à la russe

A pesar de que el apoyo público para la liberación de Jodorkovsky había aumentado estos últimos años a causa de su larga estancia en la prisión, muchos rusos no olvidan su pertenencia a los oligarcas que saquearon el país en los noventa, y su causa no despierta demasiadas simpatías. La biografía de Jodorkovsky ha quedado relegada estos últimas días a un segundo plano, cuando no desaparecido. De joven, Jodorkovsky fue un ambicioso apparatchik del Komsomol que aprovechó la perestroika para iniciar su carrera empresarial. Reunió su primer capital comprando ordenadores para revenderlos en Rusia, y con él estableció el banco Menatep, que en 1995 adquirió la petroliera Yukos por 300 millones de dólares, un precio inferior a su valor real y que algunos autores atribuyen a un turbio acuerdo con el entonces presidente, Borís Yeltsin. Su presidencia, según la revista Foreign Affairs, no estuvo exenta de los manejos financieros de la Rusia post-soviética: desde las dudodas prácticas fiscales –Yukos compraba petróleo a sus propias empresas subsidiarias a precios muy inferiores al mercado (1’70 dólares, cuando su valor real era de15 dólares)– hasta la liquidación de instalaciones y la transferencia de beneficios a cuentas corrientes en el extranjero, probablemente controladas por testaferros durante su estancia en prisión. Jodorkovsky fue arrestado en octubre de 2003 acusado de fraude fiscal y evasión de impuestos. “

Aparentemente, también se negó a aceptar la llamada vertical de poder que caracteriza al gobierno ruso desde la llegada de Putin y que obliga a los oligarcas a subordinarse a ella si quieren mantener su cuota de poder, o exiliarse en Londres como alternativa. Por ese motivo las autoridades rusas tenían un especial interés en proporcionar a Jodorkovsky un castigo ejemplar, que también sirvió para comunicar a la opinión pública que los excesos de los noventa quedaban atrás y se entraba en una nueva fase económica.

Pussy Riot: una causa engullida por el stardom

El affair Pussy Riot constituye un buen ejemplo de cómo se trata de manipular a la disidencia desde el extranjero. Un artículo editorial de la revista Cho Delat de agosto de 2012, titulado “¡Apoyad a Pussy Riot, pero apoyad también a los obreros kazajos!” contrastaba el eco mediático de Pussy Riot con el seguimiento informativo de la represión contra un grupo de mineros en huelga en Zhanaozen, al oeste de Kazajistán, que terminó con al menos 14 muertos. “Las Pussy Riot son cool y fotogénicas y los obreros del petróleo no lo son. Al juicio de Pussy Riot pueden asistir los periodistas occidentales que residen en Moscú, algunos de los cuales pueden sentirse con aires de superioridad porque –en los últimos cuarenta años, más o menos– los artistas supuestamente blasfemos ya no son perseguidos de manera tan burda en Europa occidental. No sólo los diarios liberales (The Guardian, The Independent, etcétera), sino incluso los diarios de derechas como The Daily Telegraph y The Daily Mail simpatizan.” En la misma línea,Kevin Rothrock, recordaba en Global Voices que, cuando Tolokónnikova se declaró en huelga de hambre, también lo hicieron un grupo de madres de niños con discapacidades en Volgogrado enprotesta contra los recortes en las ayudas sociales. Su portavoz, Yelena Grebeniuk, intentó llamar la atención de los medios de comunicación y las redes sociales sin éxito. ¿Por qué tan poca gente prestó atención a la protesta de las madres de Volgogrado? Rothrock responde: Tolokónnikova siempre aparece desafiante y radiante en los tribunales, e “inclusos sus críticos mencionan su sexualidad, mientras que el vídeo de Yelena Grebeniuk en YouTube, que no llega a las 250 visitas, muestra a una mujer de madiana edad sentada bajo un retrato de Lenin. Rodeada de botellas de cola y en chándal, Grebeniuk se encuentra muy lejos de ser una estrella del rock.”

La oposición, fuera de combate

La amnistía y la liberación de Jodorkovsky se han presentado como una medida del gobierno para reducir la presión internacional durante los Juegos Olímpicos del próximo mes de febrero. Pero éste no es el único motivo. Según el editor de Rabkor.ru, Borís Kagarlitsky, tanto la prensa occidental como los medios de comunicación rusos liberales concentraron estos últimos años toda su atención en los casos de Jodorkovsky, Pussy Riot y, este año, de los activistas de Greenpeace. El Kremlin adoptó en consecuencia, como escribe Kagarlitsky, “una solución simple y razonable”: liberarlos a todos. Jaque mate: no sólo quedan así anuladas tres campañas que desgastaban la imagen del gobierno, sino que los medios de comunicación pierden sus mejores fichas. Es muy poco probable que veamos a los medios de comunicación occidentales y a los rusos liberales dedicar su atención los próximos meses a la reforma de la Academia de las Ciencias –la oposición a la cual lidera el Partido Comunista (que cuenta con un considerable apoyo entre los académicos)– ni a las campañas para la liberación del antifascista Alekséi Gaskárov o el coordinador del Frente de Izquierdas Serguéi Udaltsov, bajo arresto domiciliario, por citar tan sólo a dos de los encausados por el caso Bolótnaya (quienes participaron el 6 de mayo de 2012 en una manifestación antigubernamental que terminó con disturbios y enfrentamientos con la policía). Las propias declaraciones de Aliójina a su salida de la prisión –“estoy indignada porque no salieron en libertad todos los presos políticos condenados por el caso Bolótnaya”– han pasado en buena medida desapercibidas, e incluso obviando el sesgo político de los medios de comunicación,estos tres casos han sido los proverbiales árboles que impiden ver el bosque, que no es otro que el sistema judicial y penitenciario ruso, que, a pesar de sus evidentes deficiencias, no ha sido objeto de análisis ni crítica.

Todo lo que les queda a los medios de comunicación occidentales y a la oposición liberal rusa, dada su aversión natural hacia las cuestiones sociales, es la denuncia de la homofobia. El giro ideológico conservador del gobierno ruso trata de galvanizar a su base electoral en previsión de la llegada de la crisis económica al país. La elección de los homosexuales y no de un grupo étnico o religioso como chivo expiatorio no es casual: en un país tradicionalmente patriarcal, donde existe una enorme diversidad étnicorreligiosa, y donde la iglesia ortodoxa ha recuperado su influencia desde la desintegración de la URSS y el consiguiente desengaño ideológico, se trata de una minoría estigmatizada a la cual muy pocos rusos están dispuestos a apoyar públicamente. Sin embargo, cualquier campaña en apoyo a los colectivos LGTB en Rusia deja a los estados occidentales que las pongan en marcha en una posición ciertamente incómoda, revelando su hipocresía moral. ¿Cómo puede Estados Unidos denunciar una ley contra la propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales –ciertamente destinada contra los homosexuales– en Rusia y permitir al mismo tiempo que se ejecuten a homosexuales en Arabia Saudí? Si la homofobia es el motivo del presidente alemán o del premier británico a los JJ.OO. De Sochi, ¿por qué ninguno de ellos se ha pronunciado sobre la criminalización de la homosexualidad en Qatar, que será la sede del Mundial de Fútbol del 2022? El hacha de la Guerra Fría no está tan enterrada como parecía.

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