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July 15, 2015
July 15, 2015

¿Y Grecia ahora? ¿Y la izquierda?

Author: Andreas Chatzidakis Translator: Susana García
Source: Open Democracy  Category: On the crisis
This article is also available in: elen
¿Y Grecia ahora? ¿Y la izquierda?
Las lógicas del capital financiero se vuelven más poderosas cuando se funden con las lógicas culturales. De ahora en adelante, ¿van a necesitar los griegos mantener su “radar orientalista” activo allá donde vayan?

Ha sido una semana aciaga para Grecia, y para Europa también. Una semana donde nuestras esperanzas por una Unión Europea alternativa se hundieron violentamente, dando lugar a la distopia actual, que para la mayoría de los griegos, tras cinco años de una  austeridad brutalmente impuesta, es totalmente insoportable.

La demostración sin precedentes de poder y de total humillación por parte de una banda de criminales con traje y corbata parece haber sepultado nuestras esperanzas. Pero, ¿Lo han hecho? ¿Qué puede aprenderse de esto antes de que volvamos a levantarnos?

Lo primero, el cuasi-orientalista ataque a Grecia, un ataque conducido por las lógicas neo-coloniales del capital financiero y ejecutado a través de discursos populares  y narrativas culturales, debería ser a estas alturas incontestable. Es un ataque que ha ido triunfando de manera convincente y sin descanso a la hora de retratar a los griegos como sujetos moralmente inferiores y merecedores de su fatalidad.

No es sorprendente pues, que muchos europeos todavía crean que la respuesta de Merkel y Schauble era “bien merecida “y un castigo ajustado a la clase de nación irresponsable que Grecia ha probado ser. Desde hace ya un tiempo, la prensa generalista y la prensa amarilla en toda Europa han naturalizado a los griegos como irresponsables, vagos, corruptos, irracionales y en palabras de Christine Lagarde, careciendo de atributos “adultos”.

No fue una sorpresa, por ejemplo, el que durante la última reunión del Eurogrupo, aparecieron en los medios alegaciones que afirmaban que el nuevo ministro de economía griego, Euclid Tsakalotos había dejado sus propuestas en el avión (acompañadas de una imagen falsa), eso y que cometía errores de “parvulario”. Igualmente poco sorprendente es el furor mediático construido alrededor de Yanis Varoufakis, el anterior ministro de finanzas, quien conduce una moto, habla alto y cuya apariencia  es demasiado “cool” y “salvaje” para ser un respetable político medio. Por encima de todo, estos eran políticos a los que se juzgaba no en base a sus palabras o acciones sino en base a su exotismo.

Es en este nivel desde el que debemos intentar explicar cómo las élites europeas han triunfado en la colonización de la nación griega. El discurso orientalista hace tiempo que ha creado esas condiciones de posibilidad en otra parte, la posibilidad de que una nación estado pueda ser legítimamente subordinada por otro, por ejemplo, usando sus activos como aval. Las lógicas del capital financiero se vuelven más poderosas cuando se funden con las lógicas culturales.

De ahora en adelante, necesitamos mantener activo nuestro “radar orientalista” allá dónde vayamos, con quien quiera que hablemos. Segundo, necesitamos “contra-imponer” “nuestra” solidaridad (es). No debemos por más tiempo confiar en la capacidad de las instituciones verticales transnacionales (y nacionales) europeas para canalizar un modelo progresivo de solidaridad y justicia social.

El modelo emergente de “solidaridad europea” es tan sombrío como lo es el futuro del pueblo griego. Este es un modelo que “va de la mano con la responsabilidad”, un modelo a través del cual “las ventajas deben pesar más que las desventajas” como Merkel ha explicado recientemente. Notablemente ausente, por su puesto, estaba la observación de que cualquiera de esas ventajas hasta el momento se han distribuido de manera desigual entre banqueros, no entre los ciudadanos europeos. Pero más ampliamente, ¿Cuáles son exactamente los cimientos y los objetivos de dicha solidaridad? ¿A quien se incluye y quién es excluido?

Es más, ¿hasta qué punto respeta la democracia? Y ¿Cuáles son las responsabilidades que deben ir de la mano con ello? Una cosa es segura- que no depende de los griegos (y dentro de poco de los portugueses, españoles, italianos etc.) la toma de decisiones, porque son esencialmente irresponsables. En tanto que la solidaridad siempre conlleva un “nosotros” y un “ellos”, los griegos son ya la “otredad”. Sabemos ya que cuando nos aproximemos al final del camino que conduce el Grexit, a todos “ellos” se les garantizará cierta ayuda humanitaria, un acto final de benevolencia y una muestra de superioridad moral por parte de aquellos en el poder.

Edward Said, un teórico clave del orientalismo, probablemente estaría de acuerdo que esta última observación, el hecho de que Grecia será la receptora no tanto de la solidaridad europea como de su filantropía, es tal vez la señal más reveladora de todas las que apuntan a que el país se ha convertido en Oriente. Ya no se encuentra enmarcado dentro de (el libre, democrático, moral) Occidente y por lo tanto se ha convertido en una amenaza potencial, una Otredad que necesita que ser tratada con prudencia, si no puesta en cuarentena y controlada.

Sin embargo en las calles de Atenas, Barcelona y Berlín se pueden encontrar modelos de solidaridad muchísimo más progresistas que esos articulados en algunos pasillos en Bruselas. Modelos que hace tiempo llevan insistiendo en ver y pensar desde la diferencia y la distancia, desde la clase, raza, edad y género. Es tiempo de recuperar la solidaridad europea.

Sobre el autor: Andreas Chatzidakis es profesor en la School of Management, Royal Holloway, University of London

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