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May 26, 2013
May 26, 2013

El modelo sueco en llamas

Author: Katerina Stavroula Translator: Eleni Nicolaou
Source: Syllavizontas  Category: Protest
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El modelo sueco en llamas

Suecia ha sido durante mucho tiempo el modelo del estado de prestaciones sociales, de igualdad social y de tolerancia. Un ejemplo que también los líderes políticos griegos nunca fallaron en utilizar. Estocolmo es una de las capitales más ricas de Europa. Sin embargo, la semana pasada sus suburbios se sacudieron por motines que hacen recordan a los de los banlieues franceses.

La causa de lo que los medios de comunicación mundiales caracterizan con sorpresa “la rebelión de Suecia”, fue el asesinato por la policía de un hombre de 69 años, de origen portugués, que, encerrado en un apartamento, amenazaba con un cuchillo. El incidente se registró en la opinión pública del suburbio Chasmpi, donde eso tuvo lugar, como un incidente más de la arbitrariedad policial y fue la chispa necesaria para que aparezca en las calles de la ciudad la juventud marginada de los suburbios del sur y oeste de Estocolmo.

“La segragación en Estocolmo está creciendo constantemente y rápidamente” dice a Associated Press Nina Entstrom, antropóloga social que trabaja para promover la convivencia en un centro multicultural en Fitgia, donde algunos de los incidentes violentos estallaron. “Hay enormes diferencias sociales. Hay muchos jóvenes desempleados y enojados. No estoy sorprendida por lo que veo suceder.”

Después de décadas en las que el “modelo sueco” fue idéntico con las prestaciones sociales generosas, Suecia reduce el papel del Estado desde la década de los 90, provocando el crecimiento de las desigualdades más rápido entre los países desarrollados de la OCDE. A pesar de que el promedio nivel de vida sigue entre los más altos de Europa, los gobiernos no han logrado reducir el desempleo juvenil y la pobreza, que afecta particularmente a las comunidades de migrantes.

El periódico Aftonbladet, de orientación izquierda, escribe que los disturbios representan un “gran fracaso” de las políticas del gobierno que no prestó la atención adecuada a los ghettos que surgieron en los suburbios. Y la palabra ghetto parece confirmada incluso arquitectónicamente, por un simple vistazo a los grandes bloques de edificios de apartamentos donde vive la mayoría de los migrantes. “No pudimos darle a mucha gente en los suburbios una esperanza para el futuro”, señaló Anna Liv Margkret del Partido de la Izquierda de la oposición en el diario Svenska Dagbladet, después los primeros incidentes.

Al mismo tiempo, el 15% de la población sueca de 9.5 millones no ha nacido en el país, una cifra que hace apenas cinco años fue 10%. La tasa, una de las más altas de la región, se derive, los últimos años, principalmente por gente que huyen a Suecia desde los países en guerra como Irak, Somalia, la antigua Yugoslavia, Afganistán y recientemente Siria. Sólo en 2012, Suecia ha recibido un total de 103,000 inmigrantes, casi 44,000 personas en busca de asilo, una cifra aumentada por un 50% respecto al año anterior. Casi la mitad de ellos será capaz de simplemente obtener un permiso de residencia temporal.

El desempleo entre los que no han nacido en Suecia es aproximadamente 16%, mientras que para los suecos nativos este número cae al 6%, según datos de la OCDE. Entre los 44 países industrializados, Suecia ocupa el cuarto lugar, en números absolutos, en personas que solicitan asilo y el segundo lugar en proporción a su población, según datos de la ONU. Más preocupación se crea por el hecho de que, sobre todo en las poblaciones migrantes, los jóvenes, en un gran porcentaje, tengan dificultades para terminar la escuela secundaria y su educación limitada limita aun más su acceso a los puestos de trabajo.

El ambiente de desigualdad creado favorece el partido Demócrata de Suecia, ultra-derechista y de retórica anti-inmigrante, que sube constantemente en los sondeos, alcanzando, en algunos de ellos, el tercer lugar en vista de las elecciones previstas para el próximo año en el país.

Esta tendencia inquietante que empieza a ganar terreno en la sociedad sueca es confirmada por testimonios sobre el comportamiento de la policía, antes y durante los incidentes en los suburbios. Sebastian Chorniak, de 15 años, relata a Associated Press que vio a la policía disparar en el aire gritando a una mujer y llamándola “mono”. Kena Sorouko, una representante de Megkafonen, una colectividad de migrantes para el cambio social que da voz a los ciudadanos de los suburbios, dijo que escuchó a los oficiales llamando a la gente “ratas, vagos, negros”.

“Vemos una sociedad que se descompone cada vez más y donde las brechas, tanto socialmente como económicamente, son cada vez más grandes”, dice Rami Al-Kamisi, co-fundador de Megkafonen, “y la gente por ahí está afectada más… Ahora tenemos un racismo institucional”. Y las conclusiones para el aislamiento de los suburbios completan otros testimonios. “Yo hablo con jóvenes en algunos suburbios que me dicen “Sería más divertido si pudiera conocer a un sueco “, dice Camila Salazar, quien trabaja en un centro juvenil en Frysouset.

“Aquí tenemos un grupo de jóvenes que creen que pueden cambiar la sociedad a través de la violencia”, declaró el primer ministro sueco de centro-derecha, Fredrik Reinfeldt, en una conferencia de prensa, simplificando el fenómeno. Y sigue, unos días más tarde, diciendo que quemando un coche “no es una libre expresión de opinión, sino un vandalismo”. Sin embargo, los fenómenos sociales no pueden ser exorcizados mediante la simplificación e instando el restablecimiento de la paz, sobre todo cuando los estudios muestran que en algunos de estos barrios pobres un tercio de los jóvenes de 19 a 29 años no estudian y no trabajan.

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