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May 7, 2015
May 7, 2015

España: “Ir a la cárcel es algo que le puede ocurrir a cualquiera”

Source: PlayGround  Category: Protest
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España: “Ir a la cárcel es algo que le puede ocurrir a cualquiera”

Ilustración vía Satwik Gade

Ciro Morales, uno de los condenados por rodear el Parlament, es natural de Jerez pero vive en Barcelona hace más de una década. Habla con absoluta calma de temas que a otra gente se le quedarían atravesados en un nudo en la garganta.

El 15 de junio de 2011, el movimiento 15M cumplía un mes acampado en las plazas. Ese mismo día, el ejecutivo presidido por Artur Mas tenía previsto presentar los presupuestos generales de la Generalitat de Catalunya; unos presupuestos que incluían importantes recortes en sanidad, educación y servicios sociales. El movimiento de los indignados convocó una acampada los días 14 y 15 de junio en el Parc de la Ciutadella de Barcelona, en donde está el parlamento autonómico. El lema era “Aturem el Parlament”, que significa “ Detengamos al Parlament”.

Los Mossos d’Esquadra manifestaron inequívocamente que permitirían la protesta si ésta no impedía la apertura del hemiciclo. Incumplieron su palabra. Sin previo aviso se pusieron a desalojar a los acampados en las puertas del Parc de la Ciutadella, y para ello emplearon la misma fuerza por la que se habían hecho mundialmente famosos durante el intento de desalojo de Plaça Catalunya dos semanas antes.

Las imágenes de parte del gobierno llegando en helicóptero fueron portada de todos los diarios. Entonces se puso en marcha una tremenda campaña de criminalización. Como resultado, en octubre de ese mismo año se produjeron 21 detenciones. Se trataba de manifestantes identificados por los Mossos d’Esquadra en los vídeos difundidos por televisiones y redes sociales. La mayoría de las detenciones se produjeron dentro de los propios juzgados, cuando los indignados se personaron voluntariamente para ponerse a disposición judicial.

En junio de 2014, la Audiencia Nacional absolvió a los acusados y declaró que la protesta había consistido en un simple ejercicio de la libertad de expresión. En abril de 2015, el Tribunal Supremo estimó los recursos presentados por la fiscalía, el Govern de la Generalitat y la asociación de extrema derecha Manos Limpias. Entonces dictó una nueva sentencia condenatoria: tres años de prisión para ocho de los veintiún acusados.

La sentencia condenatoria

La sentencia establece como hecho probado que “el diputado del PSC D. Ernest Maragall i Mira se vio obligado a atravesar entre un grupo nutrido de manifestantes, que con las manos abiertas y los brazos en alto trataban de que no llegara al Parlament. Fue ayudado por dos mossos d’esquadra que le escoltaron hasta el cordón policial. Entre las personas que le rodeaban y coreaban los lemas de la manifestación se hallaba D. Ciro Morales Rodríguez, siempre a su espalda”.

Es decir, tres años de cárcel por corear lemas a la espalda del diputado Ernest Maragall, entonces del PSC y hoy militante de ERC. Nadie ha sido condenado por agredir a los diputados, todos han sido condenados por levantar los brazos o corear lemas.

Los abogados de la defensa Gonzalo Boyé, Isabel Elbal y el propio Asens, publicaron un demoledor artículo conjunto en el que acusan al Tribunal Supremo de vulnerar el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales: “no podíamos esperar que se condenase sin audiencia a los absueltos, porque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dicho hasta la saciedad que la revocación de una sentencia absolutoria y el posterior dictado de una condenatoria sin audiencia del afectado vulnera el artículo 6 [de dicho convenio]”.

—Para poder condenar a los indignados, los magistrados se han sacado de la manga un concepto que no existe en nuestra legislación; lo han llamado intimidación ambiental —explica Asens—. Hechos que de forma aislada son impunes se convierten así en actos de violencia. Gritar consignas, levantar los brazos o caminar junto a un diputado sirven para reforzar la violencia e intimidación sufrida por los diputados autonómicos, según este concepto tan ambiguo”.


¿Os ha sorprendido esta condena?

Nuestros abogados nos habían dicho siempre que esto no iba a suceder, que era muy improbable. La Audiencia Nacional nos absolvió, pero el Tribunal Supremo nos han condenado sin un nuevo juicio, que es algo que la justicia europea le ha dicho varias veces al Constitucional y al Supremo que no puede hacer. En este sentido, nos ha cogido por sorpresa a todos, incluso a abogados con tanta experiencia en la Audiencia Nacional como Gonzalo Boyé.

Te han condenado a tres años de prisión estar ahí coreando lemas, ¿cómo puede ser?

Esto es muy interesante. Condenan la manifestación en sí, da igual lo que hayas hecho. Es un toque de atención al pacifismo, porque la sentencia deja claro que es lo mismo desplegar una pancarta, dar una colleja o sentarnos en el suelo. Estar allí era ilegal y es eso lo que castigan.

¿Es la criminalización de la protesta, en sentido estricto?

Es la criminalización de la protesta frente al Parlament. Les da igual si nos manifestamos en la calle, que cortemos el tráfico donde haga falta… pero no pueden tolerar que vayamos allí, a su trabajo, a impedir de facto que aprueben recortes y tomen ese tipo de decisiones.

Uno de los lemas más habituales en las movilizaciones que se producen tras las detenciones es “Si nos tocan a una, nos tocan a todas”. ¿Habéis sentido que es verdad? ¿Os sentís arropados?

Sí. Y a partir de la condena, aún más. Hemos recibido mucho apoyo. Otro de los lemas más coreados es “Jo també estava al parlament” y hemos sentido que era real. Gente muy distinta, con sensibilidades diferentes, ha dicho que también estaba aquel día rodeando el Parlament y han mantenido ese compromiso, esa responsabilidad. Yo, personalmente, estoy tremendamente contento con la solidaridad que hemos recibido por parte de toda la gente que participó en el 15M, no sólo en Barcelona. Y también por mis compañeros más antiguos, que son los que han hecho un acompañamiento más cercano, más familiar.

Además, me he sentido muy arropado en todos los ámbitos. Por ejemplo, mucha gente que me conoce del trabajo ha ido a manifestaciones por primera vez en su vida a raíz de la condena e incluso mis jefes me han mandado mensajes tipo “para lo que necesites, Ciro, aquí estamos”.

Se ha puesto en marcha una asamblea de familiares, ¿verdad?

Sí, y ha servido mucho en este sentido; para tranquilizar los nervios de los familiares. La asamblea de ellos es completamente autónoma, ellos deciden las líneas comunicativas y estratégicas que siguen sin que nosotros intervengamos en nada.

Es una concreción del lema “si nos tocan a uno nos tocan a todos”. A través de este grupo se sienten útiles, sienten que nos pueden ayudar y se pueden ayudar entre sí. Por lo general, nuestros familiares no están politizados como nosotros. Son gente progresista que se había creído la democracia por la que tanto habían luchado. Tienen, por eso, un punto de desengaño y de “perdonad por no haberos dejado un mundo mejor”. No veo arrepentimiento en ellos, pero sí reflexiones muy bonitas que cuestionan la manera en la que nos han educado. Algunos se preguntan si los principios de solidaridad, libertad, igualdad, etc. que nos han inculcado son precisamente los que nos han traído a este punto y si habría sido mejor educarnos en el individualismo. Yo ahí lo tengo claro y se lo repito a mi madre: tienen que estar orgullosos de nosotros.

¿El miedo está cambiando de bando? ¿Crees que esta sentencia se debe a que el régimen está dando palos de ciego por lo que se le viene encima?

No lo sé. Puede que estemos en un momento en el que sentimos miedo la gente más militante. La demás gente, incluida la que nos da apoyo, no creo que sienta miedo, no tiene tan presente el tema de la cárcel.

Sí está cambiando de bando en el sentido de que los privilegiados se están poniendo nerviosos. Tiene que ver con SYRIZA en Grecia, con Podemos en el Estado Español o con las CUP en Catalunya… Pero también con lo que se está tejiendo más allá de los partidos políticos. Las complicidades, uniones, miradas diferentes que componen desde abajo el poder popular. Me refiero al trabajo cotidiano, a la construcción real de Otra Cosa. Así sí cambia el miedo de bando.
Siendo optimista, nuestra sentencia se enmarca en este contexto; son las últimas bocanadas que está dando el sistema, llevándose todo lo que puede por delante, porque se le ha acabado esa paz social a la que estábamos acostumbrados desde hacía 35 años.

¿Te arrepientes?

No. A mí me sigue pareciendo una movilización magnífica. Aturem el Parlament sigue siendo una propuesta súper lúcida. Es demostrar que la gente puede parar las cosas que no le gustan. Estuve allí y lo volvería a hacer.

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