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November 3, 2013
November 3, 2013

Lo objetivo y lo subjetivo

Translator: Eleni Nicolaou
Source: Red Notebook  Category: Antifascism
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Lo objetivo y lo subjetivo

Yorgos Fountoulis y Manolis Kapelonis

La ejecución de Yorgos Fountoulis y Manolis Kapelonis [1] es un hecho con dos significados diferentes:

Desde la perspectiva de la familia y los amigos, es la aplastante pérdida de dos jóvenes: un punto cero de no retorno. Como izquierdistas y antifascistas, no sentimos que se haya hecho justicia ni nos alegramos por la muerte de dos oponentes. Les preferiríamos políticamemente marginados o encarcelados, si hubieran cometido delitos. Pero, les preferiríamos vivos. Durante la Guerra Civil española, los fascistas fueron reconocidos por el grito “¡Viva la muerte!”. La respuesta de los antifascistas -anarquistas, comunistas y demócratas- era (y siempre será) “¡Viva la vida!”. Esta diferencia existencial no significaba y no significa abandonar la lucha (cualquiera que sea), un pacifismo ingenuo. Significaba y significa que la lucha desde la perspectiva de la vida utiliza cada vez los medios que protegen la vida de la forma más eficaz – es decir no los medios que se convierten ellos mismos en un fin.

Desde la perspectiva política, se trata de la ejecución de dos miembros del Amanecer Dorado por atacantes desconocidos, en un momento de desprecio, de respuesta penal y de declive político de la organización neo-Nazi – pero también en un momento en que la supervivencia del gobierno está en peligro. Desde esta perspectiva, se trata de una intervención política hostil hacia los antifascistas -anarquistas, comunistas y demócratas- en la medida que ella fue políticamente explotada al rato: En primer lugar, por Amanecer Dorado, como una oportunidad de auto-victimización, restauración y contra-ataque, pero también como una posibilidad de auto-afirmación como una fuerza de estabilidad. Y, por supuesto, por el gobierno para igualar otra vez con astucia el antifascismo y el fascismo y para afirmar que la crisis política no es nada más que una cuestión de orden público – de hacer frente a los dos extremos que asesinan.

Son estos dos puntos de vista diferentes, por un lado desde lo privado y lo humano y por el otro lado, desde lo político y lo público, que hoy en día los “reportajes” sobrecargados emocionalmente en la televisión confunden deliberadamente. Y mientras nosotros, los antifascistas, no sentimos absolutamente que se haya hecho justicia con lo que ocurrió aquel viernes, según la lógica de los medios a los muertos se les quitó (incondicionalmente) cualquier responsabilidad. Del mismo modo, pues, que ayer presentaban el asesinato de Fyssas [2] como un hecho trágico, pero desde el punto de vista de perdida de la familia (o sea, despolitizándolo y domesticando a Pavlos para que se consuma inofensivamente por la pacífica audiencia televisiva), así hoy es importante saber que Fountoulis y Kapelonis eran una especie de escoltas: amaban la vida, viajaban, hacían planes para el futuro etc. El lavado completo del Amanecer Dorado se hace de todas las formas posibles: tanto cuando asesinan a un fascista como cuando tienen dos de sus miembros asesinados.

Pero si estos son los resultados, es decir si el incidente de aquel viernes saca temporalmente de un apuro a los neo-nazis (y les permite, posiblemente, negociar con mejores términos su futuro político y el destino de sus miembros imputados), ¿es posible que eso indique también quienes han sido los perpetradores? En mi opinión, la respuesta es negativa. Nikos Voutsis [3], hablando la mañana del día siguiente en la radio, dio las dimensiones correctas al asunto. Mientras nadie puede hablar con certeza válida sobre la identidad de los autores, hay que distinguir, al mismo tiempo, entre una acción que, por su resultado, funciona como una “acción de provocaccia” y una acción diseñada y llevada a cabo deliberadamente por los “provocadores”.

Por lo tanto, mientras sería ingenuo excluir la implicación de mecanismos paraestatales con sus propios planes y sus propias búsquedas, sería igualmente problemático caer en el encanto irresistible de las teorías conspirativas – es decir, el punto cero del pensamiento político. El que se beneficia no es necesariamente también el autor, puesto que si uno cuenta aquellos que se benefician “objetivamente” del incidente de aquel viernes, llegará probablemente a una lista de decenas. La acción política, ya sea la práctica política convencional, la lucha armada de la izquierda o la violencia de la ultraderecha/paraestatal, siempre tiene consecuencias imprevistas; y es exactamente el limitar estas consecuencias imprevistas que finalmente determina su eficacia. Hubo momentos en que la acción de la izquierda o de los movimientos creó “objetivamente” la reacción estatal y paraestatal: bajo la lógica de quién se beneficia, “objetivamente” no deberíamos ni salir de casa.

En este sentido, la tarea de los antifascistas – anarquistas, comunistas y demócratas- no es sólo revelar quién gana “objetivamente” de la ignominia del viernes pasado. Es aún más, prevenir que se beneficien: eliminar el fascismo de la vida política y evitar el lavado de cara de la mafia neonazi, luchando a la vez, para que el poder actual, un poder que actúa con el cinismo de una organización delictiva sobre la vida y la muerte, deje de familiarizarnos con el “Viva la muerte”. Es, finalmente, operar como un factor subjetivo que no permite juicios definitivos acerca de lo que está sucediendo “objetivamente”.


[1] Yorgos Fountoulis y Manolis Kapelonis son los dos miembros del Amanecer Dorado asesinados el viernes 1o de noviembre 2013 delante de las oficinas del partido en Atenas.

[2] Pavlos Fyssas es el antifascista que fue asesinado el 18 de septiembre 2013 en Atenas por un miembro del Amanecer Dorado.

[3] Nikos Voutsis es parlamentario de la izquierda y miembro del Syriza

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