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November 17, 2012
November 17, 2012

Politechneio* llamando…

Author: Giorgos Kiriakopoulos Translator: Anna Papoutsi
Category: Letters from home
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Politechneio* llamando…

Polytecheio es la Universidad Polytécnica de Atenas. En noviembre 1973, una protesta masiva acaba en una revuelta de tres días en la cual los estudiantes okuparon la Universidad. El 17 de noviembre el ejército la envadió y abrió fuego matando a 24 personas. “Polytechneio llamando” (Εδώ Πολυτεχνείο) era una frase repetidamente oida por la radio de los estudiantes llamando a la gente.

 

Yo sólo tenía 15 años de edad. Era 14 de noviembre 1973 y mi clase estaba de viaje escolar al Museo Arqueológico Nacional. Nos quedamos atrapados en calle Stournara mientras algunos jóvenes estaban colocando papeles escritos a mano en los limpiaparabrisas. “¡ABAJO LA JUNTA!” o “PAN – EDUCACIÓN – LIBERTAD”, era lo que se podía leer en la mayoría de ellos. Las reacciones de los conductores fueron mixtas. La mayoría de ellos estaban entumecidos (nunca debemos subestimar la inercia del régimen), menos de ellos entusiastas, tal vez aquellos que estaban mejor informados o los más valientes. Intercambiaron un par de palabras de aprobación con los tipos de pelo largo (que estaba prohibido para nosotros, estudiantes de escuela secundaria) que llevaban pantalones vaqueros, jerséis y chaquetas de color caqui. Estábamos mirando por la ventana. No llegábamos a comprender lo que estaba pasando, pero sin duda no era un miércoles normal en la Avenida de Patision. Nuestra desesperación fue enorme cuando la –contratada ilegalmente por el régimen– Director de nuestra escuela que nos acompañaba dijo al conductor “volvemos” y a nosotros “son comunistas, mis niños”. Desesperación no porque nos perderíamos un acontecimiento histórico que estaba sucediendo delante de nuestros ojos, sino más bien porque nos íbamos a volver a un día de rutina escolar. No eramos conscientes.

“¿Quiénes eran?”, nos preguntamos. Nunca habíamos visto un disturbio de orden en nuestra vida. ¿Cómo cerraron el paso y por qué? Por curiosidad juvenil, este intenso encanto del pecado que tienes a los 15 años, en dos y sin decir nada, volvimos a pasar por allí la misma tarde después de la escuela. Fue una tarde brillante, gente con frentes grandes estaba reunida allí, se transmitían canciones que nunca habíamos escuchado antes, en la radio ante los altavoces no sonaba Mako Georgiadou y Naki Agathou[1] anunciando las noticias del día con decoro. Una niña con un leve acento de Creta[2] y un joven estaban alternativamente gritando “Politécnico llamando, aquí está Politécnico, estáis escuchando la estación de los estudiantes libres que luchan, de los griegos libres que luchan”.

Al día siguiente, algunos de nosotros volvimos. Uno por uno o en parejas. No teníamos mentalidad de equipo. También teníamos vergüenza ante los alumnos mayores. Nos colamos en la multitud. No conocía a nadie y sin embargo, el sentido de pertenencia era intensamente agradable. Y quizá podríamos gritar. Estábamos avergonzados. “¡Abajo la Junta”, pudimos pronunciar por fin. Y otros lemas sobre los traidores, los fascistas, los Americanos. No era importante que no supiéramos a quiénes nos estábamos dirigiendo exactamente y qué les decíamos. Lo importante fue que por primera vez en nuestra vida nos sentimos como adolescentes, como si tuviéramos una opinión, ¡como si estuviéramos fuera de lo ordinario!

Por la noche, me sintonicé a la estación desde mi casa. Mi madre me desdeñó a pesar de ser de izquierda. Mi padre me miró con gran interés, a pesar de ser de derechas. Algo así como una mirada de admiración por mi emancipación. Ambos me dijeron que “no vas a volver allá”. ¿De verdad creen que yo les obedecería? Mi padre, estoy seguro, esperaba que no.

16 de noviembre, viernes. Había quedado con un compañero de la escuela, Petros Drakopoulos, en el Instituto Francés. Yo lo recogería después de su clase de francés, y nos volveríamos a ir al Politécnico. Nada heroico, no teníamos percepción del peligro. Nos gustó sentirse “en contra” de algo. Hoy diría “libre”. Yo estaba esperando en la calle Sina pero Drakopoulos nunca llegó (más tarde me enteré de que él me estaba esperando en el otro instituto francés en la calle Massalias). Estaba enojado pero nunca iría solo. “Tal vez mañana, con algún compañero”, pensé. Fui al cine solo, de 18:00 a 20:00 en el Teatro de Apolo. Vi una comedia, “Avanti”, con Jack Lemon. A la salida, la calle Stadiou estaba vacía; grupos de guardias civiles estaban corriendo en las calles vacías, sólo el sonido de las ventanas cerrando se oía. Con la frescura del chico bueno, le pregunté a un policía “que está pasando?” Y él respondió: “vete a casa, hijo”. Estaban corriendo a la plaza Kanigos porque los albañiles habían ocupado el Ministerio. Me dirigí a casa. No me sentía derrotado.

Fue al día siguiente que me sentí derrotado, cuando estaba viendo en la televisión en blanco y negro los destrozos y Nikos Mastorakis[3] que describía lo que los estudiantes habían hecho. Como un testigo ocular, tenía plena conciencia, por primera vez, de la repulsión de la propaganda; de la relatividad de la verdad; de mi impotencia como persona de contar una historia en contra de los mecanismos de formación de opinión y de ser creíble. Y también tuve que aguantar el peso intolerable de la vergüenza, ya que durante la masacre, yo estaba escuchando la retransmisión por radio y la –siempre entrañable desde entonces– voz de María Damanaki.

 

[1] Mako Georgiadou y Naki Agathou eran presentadores de television

[2] El autor se refiere a Maria Damanaki quien era una de los estudiantes okupando la Universidad Polytéchnica y fue la voz de la radio que los estudiantes  durante la revuelta

[3] Nikos Mastorakis es un presentador de televisión; justo después de la revuelta presentó un programa con entrevistas de estudiantes. Aunqué había prometido que las entrevistas no iban a ser censuradas, trató a los estudiantes como alborotadores interrogándoles y preguntándoles incluso sobre sus convicciones políticas. Según testigos el ejército estaba presente en el estudio de hecho apuntado con las armas a los estudiantes.

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